El blog… ¿es cosa del pasado?

15 de Abril de 2013
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El blog… ¿es cosa del pasado?

Por Federico Delgado.

Siendo generosos en el cálculo podemos afirmar que desde hace unos quince años hemos ido poco a poco acostumbrándonos a contar con internet como un elemento cotidiano más en nuestro día a día. Pero si queremos ser algo más precisos podemos decir que la verdadera eclosión llegó con las redes sociales, hasta tal punto de que hoy día quien no está conectado puede considerarse una rara avis.

Sin embargo, existe un antes de Facebook, Twitter y demás plataformas. Hubo un tiempo en el que la verdadera revolución llegó de la mano de los blogs, pues permitieron que cualquiera tuviese un espacio propio en el que expresarse, sin necesitar de un medio de comunicación o un costoso dominio en internet. De manera rápida y sencilla (más rápida y sencilla según avanzaban los años) una persona sin ningún conocimiento de informática ni programación, siguiendo un esquema intuitivo, podía volcar en la red los contenidos que quisiera, fueran éstos reflexiones personales, información sobre cualquier tema o incluso fotos o vídeos.

Pero las redes sociales han hecho que los blogs estén viviendo un retroceso. Podíamos decir que están muriendo de éxito, porque su verdadera esencia, la necesidad de expresarse, de compartir información, sigue siendo la misma, pero existen medios mucho más directos y participativos de hacerlo. ¿Y cuál es la razón? Muy sencilla: el blog necesita cuidados, atención, mientras que las redes sociales “están ahí”, en continuo movimiento, absorbiendo todo cuanto ocurre a su alrededor. Sin embargo un blog muere si no lo alimentas, y si tus lectores no participan.

Ahora el deporte favorito de buena parte de “blogueros” es excusarse por tener descuidado su espacio. Y es normal: a poco que te guste procrastinar es lógico que tengas cuenta activa en Facebook, Twitter, Pinterest y un RSS que eche humo. Así es difícil cuidar de un blog.

Entonces, ¿el blog ha muerto?, ¿es cosa del pasado? Peor aún, ¿ha pasado de moda? Ni mucho menos, pero ya no es lo mismo. Veamos por qué.

¿Por qué nacieron los blogs?

Las necesidades que internet ha ido creando en nosotros han evolucionado según avanzaba la técnica, la velocidad de conexión (y su hermana la brecha digital) y el interés de todos. Al principio todo fue cosa de unos pocos que “sabían de esas cosas”. Cuando elegías o no “saber de informática” aún resonaban en tus oídos términos como “386”, “486” y “Pentium”. Entonces, en los albores del nuevo siglo, conectarse a la red era cosa de empresas y de ruidosos módems que tardaban una eternidad. Sin embargo, la llegada de las conexiones rápidas, el ADSL y la conexión inalámbrica (WIFI) propiciaron que navegar por la red fuese mucho más sencillo y universal.

Precisamente, esa universalidad desató un temprano deseo de “estar” allí donde todo el mundo quería estar. A medida que crecían los debates sobre cómo gestionar los datos en internet se desató una verdadera fiebre por “tener un sitio” en la red. Y para ello los blogs se demostraron como una de las mejores alternativas. ¿El motivo?: ¿quién no había soñado en que aquello que uno escribía, y que difícilmente podían salir del entorno más estrictamente privado (ni soñar con acceder a un medio de comunicación masivo), pudiera ser leído por cualquiera desde cualquier parte del mundo en el mismo instante que se publicara? Amén del componente hedonista que supone sentirse importante, sentirte “escritor”, las posibilidades de expandir las ideas de cada uno más allá del propio escritorio se demostraron infinitas. Había nacido la “blogmanía”.

A estas alturas es casi innecesario, pero habrá que hacer la dichosa pregunta: ¿qué es un blog? En su definición más sencilla (y wikipédica) es “un sitio web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos de uno o varios autores, apareciendo primero el más reciente”. Es decir, un diario, un lugar en el que escribir y en el que la información aparece ordenada de manera cronológica, lo más reciente primero.

Desde los inicios de internet comenzó una entrañable manía de asociar todo lo que tiene que ver con la red con el mundo de la navegación. Así, los que cotilleábamos en ella nos convertimos de la noche a la mañana en “cibernautas”. ¿Cómo no buscar un término náutico al reciente fenómeno? El blog se convirtió en un “cuaderno de bitácoras”, en homenaje a aquel cuaderno o libro de viaje que los marineros rellenaban en las largas vigilias de las guardias nocturnas (y que el capitán completaba por el día) con las incidencias de la navegación; y que se guardaba en la “bitácora”, ese armario cilíndrico que contenía la aguja náutica. El blog fue, pues, nuestro “cibercuaderno” donde anotar las cosas que nos iban pasando, dentro y fuera de la red, en esas noches de vigilia asociadas a los interneteros más conspicuos.

El secreto del éxito de los blogs fue su sencillez. Antes de ello editar contenidos en una web era un engorroso proceso que pasaba necesariamente por alguna herramienta de diseño web y la aquiescencia (pecuniaria, se entiende) de un proveedor de internet que se encargara del hosting. Con la llegada de los blogs todo esto se resumió en un esquema sencillo: documentos en formato “contenido libre” (es decir, un texto que puede enriquecerse mínimamente con un código html, imágenes y enlaces) o posts, clasificados por fechas y categorías, y que aparecen por orden cronológico, de más nuevo a más antiguo. Y ya está. Nada de complicadas arquitecturas web. Un sencillo esquema y un sencillo formato que ha continuado prácticamente inalterable (salvo por la posibilidad de incrustar códigos de vídeo, audio u otro elemento que pueda embeberse desde otra web) hasta nuestros días.

Con el mismo esquema se pusieron también de moda hace unos años los llamados “fotoblogs” y “videoblogs”, en los cuales los vídeos y las imágenes eran los únicos protagonistas. En este caso se solía añadir una aplicación de calendario para facilitar la búsqueda.

El blog poco a poco se fue generalizando hasta llegar a otros ámbitos, como el empresarial, hasta el punto de que se convirtió en un elemento más dentro de las acciones de marketing de una empresa. Hoy día incluso hay firmas cuya única ventana al mundo es un blog, sobre todo las PYMES de reducido tamaño.

Bien hasta aquí, pero… ¿cuál es la situación actual de esa blogmanía?

Mudando la piel

El número de blogs que se abren aumenta de la misma forma que el de aquellos que se cierran, o se abandonan. Y sin embargo el “fenómeno blog” sigue estando muy vivo, aunque nada ha sido igual desde la eclosión de las redes sociales, cuando el blog pasó de ser el formato habitual a especializarse. El motivo no es otro que éste: el usuario medio, que antes dedicaba horas en mantener un blog aseado y actualizado, ahora dedica el mismo tiempo a atender las redes sociales, en particular Facebook y Twitter. Así, si hay algo que contar, es mucho más rápido y cómodo usar el respectivo muro o tablón, donde además se crea de forma sencilla un debate, sin tener que pasar por engorrosos captchas ni tediosos sistemas de autentificación.

Hay que apuntar que la sindicación por RSS marcó también un antes y un después en el universo del blog. Cuando lees solo a dos o tres autores es fácil entrar en sus páginas y seguirlos, pero cuando son decenas los que sigues es prácticamente imposible no volverse loco. El RSS simplificó de manera extraordinaria la lectura de blogs, pues permitió clasificarlos y tener, de un vistazo, claro cuáles se han leído y cuáles no. Aunque, como es lógico, también crea una intensa sensación de pánico cuando pasan unos días de descuido y descubres que tienes más de mil historias que leer…

El blog ya ha entrado en otra fase, ha “madurado”. Siempre ha habido blogs especializados, dedicados a las ciencias, la educación, la tecnología (estás leyendo un ejemplo), la política o la cultura, pero de un tiempo a esta parte es raro el blog que permanece vivo y no está dedicado íntegramente a un tema concreto.

Podemos decir así que el fenómeno de las bitácoras ha mudado la piel para convertirse en “el hermano mayor” de los posts (lo son, al fin y al cabo) que la gente publica en las redes sociales. Aunque evidentemente siguen existiendo bitácoras de todo tipo (incluidos las personales), el blog ha tomado un cariz más serio para desarrollar un tema de forma más detallada y exhaustiva.

¿Y cuál es el futuro del blog? Del mismo modo que, a pesar de los innumerables avances en la comunicación (como es el caso de Basecamp), nos aferramos al correo electrónico para nuestros mensajes cotidianos, otorgándoles un extra de “seriedad”, el blog quedará como un vestigio del pasado, limitado y vetusto, que continuará cumpliendo su función de canal de comunicación “de empaque” frente a la inmediatez de las redes sociales.

El blog, pues, va a continuar mucho tiempo con nosotros. Al menos así pensamos muchos.

Más información:

  • Artículo sobre el blog de la Wikipedia,  con un extenso vocabulario y enlaces para resolver las preguntas más frecuentes.
  • Los premios Bests of the Blog, que premian las bitácoras más importantes del mundo.
  • Los premios Bitácoras Puntocom, lo mejor de la blogosfera hispana.

3 Comentarios

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  • Golfo 02 de Marzo de 2015

    Gracias. Llevo más de una década en la blogosfera y estoy padeciendo los achaques del contraste y el erpíritu en el que nació mi blog y la realidad actual. Los barrios de bitácoras en los que mi blog empezó están semiabandonados, la especialización ha eliminado aquella romántica imágen de las confesiones nocturnas del bloguero.
    Entretanto, hablando con programadores y hipsters del tema, de esos que aspiran a saber que es “lo último” y qué será “lo próximo”, no paro de oir que los blogs están acabados.
    Hace días que empecé a leer “La mentira de internet” de Evgeny Morozov, que me está devolviendo la sensación de que los blogs están muy vivos, pero en un sentido distinto, tal y como este artículo explica.
    Y ahora me encuentro este post esclarecedor.
    Gracias.
    Un cordial saludo.

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