La asamblea en la escuela

31 de octubre de 2013
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La asamblea en la escuela

Montse Poyatos maestra de educación primaria y pedagoga de corazón. La infancia y el aprendizaje  son objeto de su fascinación. La creatividad, la búsqueda de nuevos caminos y el respeto y amor a los niños son las bases de su pedagogía. Trabaja para ampliar los objetivos de la escuela más allá de los contenidos académicos.

En la escuela, pasan los niños la mayor parte de su tiempo. Durante horas y horas escuchan lo que los maestros dicen, opinan, cuentan, explican, enseñan… ¿Cuándo escuchamos lo que tienen que decir los niños?. La prisa de lo urgente hace que dejemos de lado a los verdaderos protagonistas del proceso educativo: los alumnos. Sí creamos contextos de confianza, en los que el niño sienta que pertenece y  en el cual sea reconocido en espacios en los que su palabra tiene valor, estableceremos una base de seguridad afectiva, fundamental para el aprendizaje.

La asamblea es una rutina que se lleva a cabo durante la educación infantil, pero que se abandona en las siguientes etapas al no considerar sus beneficios educativos. Esta herramienta, de gestión de grupos, incorporada en todos los niveles del ámbito escolar fomenta la pertenencia, la comunicación y la participación activa de los alumnos. Además, ayuda al desarrollo de competencias comunicativas como la expresión oral, el debate, la escucha activa, la negociación y el consenso.

Desde primero de educación primaria, la asamblea se puede incorporar al plan de acción tutorial. Esta rutina, fomenta que los alumnos participen en las decisiones de gestión de grupo, compartan sus problemas, resuelvan sus conflictos, hagan propuestas o expresen sus pensamientos y emociones.

Diez claves para llevar a cabo la asamblea en el entorno escolar:

  1. Establecer la periodicidad: puede hacerse diaria, semanal, quincenal o mensual. Es importante que se mantenga y respete la frecuencia marcada.
  2. Romper con la estructura del aula sentándonos en círculo: Crear un espacio diáfano apartando el mobiliario o elegir un espacio al aire libre.
  3. Hacer presente a los que no están. Es importante que los niños se percaten de los alumnos que no han asistido ese día y si es posible, hablar del motivo de la ausencia.
  4. Los niños deben ser los que dinamicen la asamblea. Los roles fundamentales son: El guardián de la palabra (encargado de dar el turno para hablar), el secretario (recoge los acuerdos) y el responsable del tiempo (controla el reloj).
  5. Llevar establecido un orden del día, en el que marcar los temas importantes y tiempos dedicados a cada asunto.
  6. Emplear técnicas de dinamización de asamblea. Algunos ejemplos son: Buzón: los niños escriben problemas, deseos, dedicatorias, sugerencias, chistes… Alumno del mes: un alumno prepara una presentación sobre sí mismo que comparte con los demás. Libro viajero: cada asamblea un alumno escribe una historia para leer al grupo.Tribunal de la convivencia: cada alumno da un punto verde para reconocer a otro su compañerismo y un punto amarillo para sugerir a otro un aspecto de mejora. Mural de las emociones: compartimos como nos hemos sentido ante situaciones cotidianas: exámenes, excursiones, castigos… se expone en un mural. Fotos locas: con los elementos que se quieran, se hace una foto mensual para colgarla en el corcho del aula.
  7. Dar pautas de comunicaciónSugerir a los alumnos que no repitan lo que otro ha dicho, recomendando que den aportaciones nuevas.Lanzar preguntas, en torno a los temas, que provoquen la reflexión. Reconducir las asambleas a la toma de decisiones o establecimiento de conclusiones. Evitar, si se trata un conflicto, que se aborde desde la recriminación o la crítica. Orientar las críticas hacia soluciones constructivas.
  8. Priorizar el consenso a la votación. En el consenso, todos hacen cesiones en beneficio de todos los miembros del grupo.
  9. Leer y firmar el acta al finalizar la sesión.
  10. Recordar siempre que la asamblea pertenece a los alumnos y el profesor facilita su desarrollo, no la monopoliza.

La asamblea puede ser un arma muy valiosa de cooperación y comunicación para los alumnos. Siempre que se empieza una tarea o actividad novedosa surgen dificultades y problemas; los alumnos no están acostumbrados a tener espacios para hablar y compartir, por lo que las primeras sesiones suelen ser algo frustrantes (incluso caóticas), hasta que los alumnos y el tutor desarrollan estrategias de escucha, comunicación y participación. Una vez incorporada a la dinámica del aula, es una estrategia eficaz de organización y de regulación social y emocional.

Fuente de la imagen: http://www.flickr.com/photos/97831130@N00/1066368855/

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