Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas

13 de marzo de 2014
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Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas

Lo dijo Richard Gerver en el Evento Savia en Madrid y lo volvió a repetir en Valencia:

Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas.”

Esta afirmación, dicha en un país en el que se debate una nueva reforma educativa cuyo objetivo es propugnar una serie de evaluaciones periódicas que marcarán el futuro profesional de los alumnos, dejando de lado asignaturas que pasan a ser optativas y que tradicionalmente se han basado en la creatividad y en la creación de nuevos contenidos, como por ejemplo la Educación Artística, viene a demostrar que, una vez más, es posible que nos encontremos ante un nuevo movimiento que nos alejará de las corrientes pedagógicas que mejores resultados están demostrando tener en otros países con los que nos queremos comparar.

Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas. Estoy totalmente convencido de que muchas de aquellas personas que consideramos altamente creativas y que han realizado grandes descubrimientos y avances en las áreas en las que han desarrollado su carrera profesional harían suyas estas palabras.

Pongamos como ejemplo el caso de Ferrán Adriá. No ha sido un cocinero al uso y, áun cuando ya había alcanzado las más altas cotas del mundo gastronómico, siguió innovando y muchos de sus descubrimientos se aplican hoy en la mayoría de los grandes restaurantes del mundo.

Ferrán Adriá alcanzó la fama mundial gracias al Bully, y resulta curioso saber que los cocineros que ostentan hoy día el número 1, 2, 3 y 4 de la gastronomía mundial pasaron por su cocina como aprendices. Algo tenía que tener Ferrán a la hora de enseñar que ha hecho que estos cocineros no hayan alcanzado la fama por repetir los conocimientos que aprendieron en El Bully, sino que lo han hecho precisamente por ser altamente creativos y por desarrollar nuevas técnicas que a su vez siguen revolucionando el mundo de la cocina. Ferrán animaba a sus discípulos a innovar, a no temer al fracaso, a desarrollar nuevas ideas. En un sistema educativo basado en la evaluación constante estos cocineros habrían fracasado, y hoy son los mejores del mundo.

Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas. Albert Einstein, posiblemente el físico más importante de todos los tiempos, no sacaba buenas notas en el área de ciencias cuando estudiaba en el instituto. Es famosa la frase de uno de sus profesores cuando, con tan solo 15 años de edad, dijo de Einstein que “nunca conseguiría nada en la vida”.

El instituto en el que estudiaba el joven Einstein, llamado Gymnasium, era famoso por el régimen altamente estricto y poco creativo en el que se educaba a los estudiantes. Fue el tío de Einstein quien, convencido de que su sobrino no era el fracasado que describía este profesor, construyo en su casa un taller en el que Einstein pudo investigar y desarrollar nuevas ideas, sin temor a equivocarse, y con la tranquilidad de saber que no sería constantemente evaluado. Estas ideas fueron el germén de la teoría de la relatividad, que a su vez ha supuesto una auténtica revolución en la física. En un instituto basado en la repetición de conocimientos y en la evaluación contínua Albert Einstein fue considerado un futuro fracasado, y gracias al empeño de su tío y al desarrollo de nuevas ideas gracias llegó a ganar el Nóbel.

Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas. Steve Jobs sabía que podía revolucionar el mundo de la informática desarrollando un nuevo concepto de computadora que ofreciera a los usuarios un entorno de trabajo más sencillo y agradable, y gracias a sus ideas se desarrollaron los actuales sistemas operativos, que permiten que cualquier persona pueda utilizar un ordenador sin haber estudiado informática.

Steve Jobs no pudo terminar la carrera en la Universidad por su alto coste, pero pasó largas temporadas trabajando en Hewlett-Packard dentro de un programa en el que los ingenieros ofrecían a los jóvenes estudiar computación y trabajar en sus propios desarrollos sin la presión de tener que superar evaluaciones constantemente.

El empeño de Steve Jobs en desarrollar sus ideas le hizo fracasar en muchas ocasiones, llegando incluso a ser despedido de la compañía que él mismo había creado. Steve Jobs, lejos de rendirse y echarse a un lado, fundó una nueva compañía a la que llamó Pixar, y que hoy día es la responsable de los mayores éxitos de Disney. Es curioso que gracias a este nuevo éxito pudo volver a Apple y ahí, de nuevo gracias a su creatividad y a la fe en su trabajo, desarrolló nuevos dispositivos que han revolucionado la manera de relacionarnos y de conectarnos con el mundo.

En una compañía en la que no hubiese podido desarrollar su creatividad Steve Jobs hubiese sido un informático más, y gracias a su creatividad y a su altísima capacidad para aprender del fracaso fue capaz de crear la compañía mejor valorada del mundo. Aún hoy es emocionante escuchar su famoso discurso en la universidad de Stanford, que podríamos resumir con la frase “nunca te des por vencido aún cuando estés vencido”, y que posiblemente debería ser de visionado obligatorio en todas las escuelas de Magisterio del mundo.

Lo importante no es lo que enseñas, sino cómo lo enseñas. Tal vez sea el momento de plantearnos en este país si deberíamos recuperar el trabajo en laboratorios para enseñar ciencias, si deberíamos apostar por ofrecer más horas a asignaturas como Educación Artística, si deberíamos apostar por relacionar los contenidos de diferentes asignaturas para crear un currículo verdaderamente transversal, si deberíamos enseñar oratoria y a participar en debates, y si deberíamos apostar por nuevas corrientes pedagógicas menos basadas en los resultados y más en los procesos.

Estamos educando a una nueva generación en el marco de una de las crisis económicas, sociales y políticas más importantes de la historia. El desarrollo de esta crisis nos ha demostrado que llegado el momento los primeros perjudicados son servicios básicos como la educación, que ha sufrido recortes extremadamente altos y en el que se ha demonizado a unos profesionales cuya función es precisamente educar a estos jóvenes. Deberíamos hacerlo con el objetivo de que no repitan los mismos errores que nos han llevado a esta situación.

Seguramente, tal vez, deberíamos plantearnos si la solución es implantar un sistema basado en la evaluación, en los resultados individuales y en la memorización del contenido frente a la creación y a la colaboración.

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