En defensa de un sistema educativo que promueva la creatividad de los alumnos

16 de octubre de 2014
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En defensa de un sistema educativo que promueva la creatividad de los alumnos

No habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos pone pacientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos con algo que hacemos.

Paulo Freire

Todos los niños tienen un enorme potencial creativo que, con el tiempo y con la enseñanza tradicional (sí, aquella basada en el trinomio Lectura-Escritura-Matemáticas), acaba perdiendo por no aprovecharlo con toda su potencialidad.

La escuela, aquella que amamos y conocemos los maestros, aquella que soñábamos transformar cuando recibimos las primeras clases en la Facultad de Magisterio, tiene gran parte de culpa de todo esto, ya que es ella y esas dinámicas pedagógicas que están ancladas en el pasado la que fomenta que los niños hagan un uso a todas vistas insuficiente de su capacidad creativa.

El mundo actual, además, fomenta un estilo de vida rápido, en el que las respuestas absolutas se encuentran a un golpe de clic, en el que la solución a un problema generalmente tiene un único camino y en el que la memorización sigue teniendo un papel predominante durante toda la vida escolar de nuestros alumnos.

Como bien propugna Noam Chomsky, la escuela forma parte del conjunto de instituciones que tienen como objetivo controlar a la población adoctrinándola para ser futuros ciudadanos, lo que conlleva matar su creatividad eliminando cualquier posibilidad de crear librepensadores que, en su momento, puedan reflexionar sobre el estado de la sociedad y buscar y ofrecer nuevas alternativas que entrarían en conflicto con las tradicionales:

Podemos decir sin tener ningún tipo de temor a equivocarnos que la creatividad es una parte fundamental de la esencia del ser humano. Sin ella no habríamos evolucionado como lo hemos hecho a lo largo de toda nuestra historia, y es posible encontrar trazas de ella en cualquier vestigio, por antiguo que sea, de los restos de cualquier civilización anterior a la nuestra.

Que la creatividad es una parte fundamental de nuestro aprendizaje y de nuestro desarrollo queda patente durante los primeros años de vida, aquellos en los que adquirimos la capacidad de aprender las primeras palabras del lenguaje y con ellas empezamos a generar nuevas frases, que tienen sentido completo aunque no sean del todo correctas, pero que nos permiten comenzar a comunicarnos, iniciar nuestros primeros juegos, inventar historias y verbalizar cuál es nuestra forma particular de ver y entender el mundo.

La fuente de la que se alimenta nuestra capacidad creativa es biológica y encuentra respuesta en la capacidad de nuestro cerebro para crear ideas abstractas a partir de otras más simples. La escuela, cuyo objetivo fundamental debe ser enseñar a los alumnos a aprender por sí mismos, tiene aquí una excusa inmejorable para plantear sus objetivos y estudiar los medios por los que puede ofrecer a sus alumnos que los consigan.

Para alimentar y conseguir aumentar la capacidad creativa de nuestros alumnos debemos ofrecerles una mayor cantidad de estímulos multimodales (visuales, auditivos, táctiles, cinestésicos…), permitiendo además que se produzcan momentos de reflexión y experimentación en los propios alumnos, permitiéndoles además que generen las necesarias conexiones entre los aprendizajes que están recibiendo, y permitiéndoles por último que sean capaces de expresar su punto de vista sobre estos aprendizajes y sobre la conexión que estos tienen con el mundo real, que para nuestros alumnos no puede ser otro que aquel que conocen en cada una de las etapas de su vida escolar.

Puede parecer que conseguir estos objetivos son complicados, pero en realidad disponemos de los medios necesarios en todas y cada una de nuestros centros de estudio. Para conseguirlo, podemos simplificar en tres los requisitos que debemos cumplir para alimentar la creatividad en nuestros alumnos:

  1. Inspírales y anímales a que se expresen con libertad.
  2. Ofréceles las herramientas necesarias para que se expresen. Algunos alumnos lo harán verbalmente, otros necesitarán hacer uso de pinturas, otros pueden apoyarse en la música… da igual el medio, pero déjales que utilicen las herramientas que necesiten y que les ayuden a expresarse mejor.
  3. Por último, no dejes de animarles a que sigan adelante, para que sigan mejorando día a día y a seguir alimentando un ambiente de aula participativo, comunicativo y altamente receptivo hacia nuevas ideas y formas de entender el mundo.

A partir de aquí, solo necesitarás tiempo y el apoyo de las familias de tus alumnos y de las autoridades educativas para conseguir fomentar la creatividad en tus alumnos.

¿Te animas a intentarlo?

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