Diario de un profesor. Día 1

11 de noviembre de 2014
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Diario de un profesor. Día 1

Hoy me he levantado muy nervioso. Es el primer día y quiero hacerlo todo bien. Ayer me acosté tarde repasando todo aquello que tengo que hacer hoy en el aula, no quiero cometer ningún error ahora que, por fin, lo he conseguido. ¡Soy profesor de Primaria!

Los más veteranos, los días anteriores, me han ido avisando de lo que se me viene encima. No es poca la tarea que realizamos los profesores, y aunque parezca mentira en realidad el trabajo que realizamos con nuestros alumnos es solo la punta del iceberg de algo mucho más grande, algo que se prepara durante mucho tiempo, echándole muchas horas en casa y en el colegio con los compañeros.

Estoy algo nervioso porque este año parece ser que vamos a empezar a trabajar con nuevas tecnologías en el aula. No me tensa tanto el hecho de utilizarlas como el pensar cómo obtener beneficios de ellas. Mis compañeros, esos de los que he hablado hace unas líneas y que tienen más experiencia que yo me han dicho, entre risas, que esto es una historia que no se acaba nunca. En realidad todos los años incorporamos nuevas tecnologías y todos los años nos toca (según parece) ser nosotros los que tenemos que investigar cómo utilizarlas. Cosas de la Administración – me dicen – una especie de marketing político e institucional por el que se intenta hacer ver que se van a integrar en el aula dispositivos de uso común en casa de los alumnos, pero para los que los profesores recibimos muy poca o ninguna formación.

Tengo suerte con esto, ya que afortunadamente hoy día es relativamente sencillo obtener información en internet y contactar con otros profesores que han realizado experiencias interesantes en sus aulas con el uso de estas tecnologías. Quién me iba a decir a mí que iba a hacer de Twitter y de Facebook tan buenos aliados para contactar y recibir información de otros profesores. Si alguien quiere saber cuál es el estado real de las aulas solo se tiene que pasar un rato por estas redes sociales y comprobar qué es lo que los docentes contamos en ellas. Seguro que más de uno se asustaría al leerlo, al poder comprobar que las quejas no son de uno, de diez o de cien profesores. Somos muchos lo que queremos realizar bien nuestro trabajo y clamamos por obtener los medios para conseguirlo.

Pero no voy a quejarme. Como decía hoy es mi primer día y busco en lo más profundo de mí la ilusión con la que estudié Magisterio, recuerdo los debates en los que he participado y en los que he asegurado que mi paso por las aulas, por las vidas de mis alumnos, tendrá un significado especial, que mi objetivo es ofrecer a mis alumnos una educación de calidad y que para ello voy a fijarme en todos aquellos ejemplos que me entusiasmaron durante los años de carrera: Montessori, Decroly, la Escuela libre de enseñanza, Freinet, Freire… son muchos ejemplos y sonrío pensando en que precisamente ninguno de ellos es de los últimos veinte o treinta años. No es que en educación esté todo inventado, es que hay tantos buenos ejemplos y de tal excelencia que solo con repasar un poco lo que hicieron y promulgaron es imposible no tener ganas de revolucionar la educación.

Estoy a punto de salir de casa y ya estoy pensando en que esta semana tenemos claustro, que pronto empezaré a realizar las primeras reuniones con los padres, que tengo que pensar en todo el papeleo que tengo que preparar para la inspección educativa… mucho trabajo y poco tiempo, será imposible no acabar agotado dentro de un par de meses.

He cogido el autobús y aprovecho para repasar lo que voy a hacer hoy con mis alumnos. Me gustaría disponer de un laboratorio para poder hacer con ellos la práctica que vi hace un par de días en un canal de YouTube que me aconsejó una compañera que ya lleva en esto algunos años. Sinceramente, fue algo que me sorprendió, porque esta mujer ya lleva muchos años desempeñando esta profesión y lo más fácil hubiera sido no haber cambiado su método, pero me ha asegurado que es imposible trabajar dos años de la misma manera. De alguna manera, al tiempo que van creciendo tus alumnos vas transformando tu manera de trabajar. Mejoras lo que detectas que puedes mejorar, escuchas a los que tienes alrededor y también cambias algunas cosas que crees que haces bien pero sobre las que recibes críticas bien fundamentadas, y tus alumnos también van cambiando conforme la sociedad avanza. Supongo que esta profesora tiene razón y que es un buen espejo en el que mirarme todos los días. Seguiré hablando con ella y aprendiendo de su experiencia

Acabo de llegar al colegio. Saludo a Juan, el portero, a Luisa, la directora, a Manuel, el Jefe de estudios, y a todos aquellos compañeros a los que encuentro libres si antes ningún padre o madre les ha cazado por el camino para hacer una minitutoría o para trasladarles alguna queja o hacerles alguna pregunta.

Suena el timbre y me dirijo a recibir a mis alumnos. Hoy, como ayer y como los últimos meses, igual que durante los últimos años, les recibiré con una sonrisa y les acompañaré hasta el aula. Porque hoy es mi primer día, como lo fue ayer, como lo han sido los últimos meses, igual que lo han sido todos los que han formado los últimos años. Para un profesor, sobre todo para uno que no se conforme y que realmente quiera cambiar la vida de sus alumnos, todos los días es el primer día.

Mañana volverá de nuevo a serlo e iré al aula con los mismos nervios, con las mismas inseguridades y con las mismas certezas.

Esto de la educación engancha, por eso es la mejor profesión del mundo.

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