Con las letras bien puestas

27 de Noviembre de 2014
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Con las letras bien puestas

Me piden desde SMConectados una reflexión sobre el papel de las asignaturas de letras, en concreto de la asignatura de Lengua, dentro del currículum.

Pero más que desde la teoría, me gustaría aproximarme al tema desde mi experiencia a pie de aula que se inició, tiza en mano, al salir de la Escuela de Magisterio y pisar las aulas del Colegio Pedro Poveda, hace algo más de treinta años, durante los cuales, sin excesivos bandazos, y siempre como un aprendiz de brujo, he sobrevivido a las tres fases connaturales al ser profesor: Sancho Bravo, Sancho Fuerte y Sancho Panza 😉

Existe una inquietud social en torno al papel que debe jugar la escuela en la actualidad. Inquietud que a los profesores de Lengua no nos es ajena porque también nosotros seguimos preocupados por cómo llevar al aula el adecuado desarrollo de la dimensión comunicativa de nuestro alumnado y son más las incertidumbres que las certezas.

A revueltas con la competencia lingüística

En mi opinión, se hace necesaria una renovación didáctica en la enseñanza de la Lengua que cuide mejor la pragmática del lenguaje y se aleje de la invasión de contenidos teóricos que lastran la asignatura, atiborran al alumnado y, a la postre, no ayudan a su competencia comunicativa.

Sabemos que el lenguaje es algo natural y la lengua, nuestro instrumento más inmediato para establecer la comunicación. En este contexto, enseñar Lengua es ayudar al alumno a desarrollar su expresión, su comprensión y su espíritu crítico, o más sencillo aún: facilitar el escenario donde se hable, se escuche, se lea, se escriba y se piense.

De lo anterior se desprende que el logro de los objetivos de la asignatura de Lengua debe ser el primer objetivo de las demás áreas o mejor dicho: el desarrollo de todas las competencias no es posible sin el desarrollo previo de la competencia lingüística, que no depende exclusivamente del profesor de lengua, sino de todo el Centro escolar.

En busca de un enfoque comunicativo de la Lengua

Considero que la competencia lingüística no se amplía aprendiendo normas gramaticales, sintácticas o fonéticas, sino conociendo las variadas posibilidades de expresarse según la intención comunicativa.

En mi opinión, más que aprender sintaxis conviene ayudarles a emplear los medios léxicos y fraseológicos que les permitan leer y escribir textos continuos y discontinuos, textos narrativos, descriptivos, dialogados, expositivos, argumentativos o de uso social. Más que memorizar una cronología literaria llena de nombres, épocas y fechas, podemos poner la mirada en nuestro alumno como lector y el acento en el estudio de los recursos lingüísticos empleados por esos autores y siempre en relación con el resto de las artes. Más que aprender cuáles son las técnicas de expresión oral, pongámoslos a debatir, a hablar en público, animémosles a participar en foros. Más que pedirles que lean, leamos con ellos o mejor, pidámosles que organicen un club lector.

Por supuesto que hay que saber, pero mejor aún hay que saber hacer (inteligencia ejecutiva, en palabras de Marina) y hacerlo con espíritu crítico. Ya no nos podemos mover en un modelo transmisivo sino en aquel en el que los alumnos, guiados por el profesor, son capaces de construir sus propios conocimientos.

Tenemos nuevas metodologías motivadoras como el aprendizaje basado en proyectos, los itinerarios lectores, la clase al revés, el trabajo por secuencias didácticas…

Frente a un sistema de exámenes en los que los alumnos repiten lo que el profesor les ha transmitido, existen otros instrumentos de evaluación y autoevaluación como el portafolio donde los alumnos muestran las evidencias de lo que saben, de sus logros y sus dificultades, o el blog donde todos, profesor y alumnado, encontramos un espacio para leer, reflexionar, crear y compartir en la red.. Juntos podemos diseñar nuevos entornos de aprendizaje, que impliquen a las familias, en los que el alumno sea el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Un nuevo escenario de alfabetización

Unido a lo anterior, con la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías, aquel objetivo inicial de la Lengua que aprendí en mi época de estudiante de magisterio: enseñar a hablar, leer y escribir ahora lo es también ‘hacerlo con otros’. El aula es el lugar donde se habla, se escribe, se expone, se debate, se elabora conocimiento y con ayuda de las TIC se difunde y comparte con otros.

Las nuevas formas de comunicación digital (redes sociales, webs, blogs…) nos plantean nuevos retos: nuestros alumnos ahora desarrollan nuevas prácticas de lectura y escritura (leen de una pantalla y escriben en nuevos formatos de texto). No creo que sea cierto que nuestros alumnos ya no leen o escriben, seguramente lo hacen más que nunca, pero lo hacen con otros formatos que debemos conocer y traer a nuestras aulas porque forman parte de su manera de comunicarse entre sí dentro y fuera del aula.

Antes he dicho que había más incertidumbres que certezas y al final sólo he dejado algunas de las últimas pero la reflexión continúa, afortunadamente hay muchos profesores de Lengua que siguen pensado que otra educación es posible (la blogosfera está llena de ellos). Parafraseando a Steve Jobs hay muchos que ponen amor, pasión y entusiasmo en su profesión, que buscan la funcionalidad de la asignatura que imparten, que son perseverantes, creativos, dispuestos a conseguir lo mejor de sus alumnos, en libertad, con perspectiva, simplicidad y reflexión, porque saben que el mayor valor que tienen entre manos son sus alumnos.

Y en ello estamos, en ayudarlos a poner las letras bien puestas.

 

10 Comentarios

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Ana Mª Quirós del Valle 27 de Noviembre de 2014

Gracias por compartir tu reflexión José Luis.
Estoy de acuerdo contigo en que “el aula es el lugar donde se habla, se escribe, se expone, se debate, se elabora conocimiento y con ayuda de las TIC se difunde y comparte con otros” y eso, tú muy bien lo sabes, nos está pidiendo a los docentes, a los maestros, que pongamos en marcha una forma de hacer y de estar con nuestros alumnos que lo haga posible.
Habrá que seguir soñando y haciendo realidad los sueños que permitan a nuestros alumnos “poner bien las letras” que son la expresión de lo que ellos son y tienen. Ayudarles a poner bien las letras que les permitan dar lo mejor de ellos mismos.
Seguimos juntos en esta tarea.
Ana Mª Quirós

    Muchas gracias, Ana. Tú has andado de acá para allá en esto de la educación y me alegra compartir contigo el fondo de la cuestión.

Daniel 28 de Noviembre de 2014

El artículo interesante. En ciencia ocurre algo parecido. Creo que es mejor saber interpretar hechos y el mundo que nos rodea, más que simples cálculos vacíos. Pero al final parece que lo único que interesa es la “titulitis”: Saber reproducir unos hechos concretos en el examen de Selectividad. O tener un título de inglés, aunque no sepas comunicarte.

    Muchas gracias, Dani, es cierto, también es preocupación de los profesores de ciencias el logro de un aprendizaje funcional.

Manuel Molina 28 de Noviembre de 2014

Estimado José Luis.
Tuve la fortuna de ser tu pupilo durante 14 años, ni más ni menos. Ya luchabas por aquel entonces por transformar nuestro caduco método de enseñanza, nada funcional ni práctico, con un enfoque fuera de todo sentido. Me alegra comprobar cómo has conseguido poner en práctica tu visión de la enseñanza, no sólo de un idioma -o es comunicativo y funcional o no es nada-, sino de lo que supone estar delante de 40 fierecillas que desean, sí, desean, aprender de un buen maestro, tu caso.
Tu blog, tus comentarios, tus tweets, son buenos ejemplos de todo ello. Con el alumno siempre en el centro de la diana, has conseguido transformar todo el proceso de transmisión de valores haciendo uso del lenguaje, cultivando las mentes críticas de tus alumnos, quienes terminan sus estudios, tal vez sin saber que es una palabra homógrafa- ni falta que les hace-, pero siendo capaces de expresarse en público, con una riqueza de vocabulario que sobrepasa los límites finitos de los ministeriales y ‘conserjeriles’ libros de texto.
Coincido con usted, señor Maestro, en que hay que desterrar de nuestras clases esos absurdos temarios llenos de un metalenguaje dictado por, en la mayoría de los casos, supuestos doctos profesores que no han pisado una trinchera en su vida, aunque es mejor que no lo hagan, visto lo visto. ¿Comprenderán los jerarcas que dictan qué enseñar, cómo enseñar y cuándo enseñar LA LENGUA, que sus modelos están desfasados? ¿Comprenderán tus palabras? ¿Abrirán los ojos y dejarán de ser Sancho el Fuerte?
Un fuerte abrazo de tu pupilo Manuel.

    Mi querido Manolo, muchas gracias, en mi caso he puesto voz a lo que muchos otros profes, como tú, llevamos al aula cada día. Abrazo.

Rafa y Clara 03 de Diciembre de 2014

Muy interesante reflexión… Al fin y al cabo lo que al final nos queda a todos es el gusto por leer y comunicarnos. ¡La gran libertad que te da el tener palabras que te permitan expresar con precisión una idea, un sentimiento, o un enfado!

Gracias, Clara y Rafa, a vosotros que compartís conmigo el placer por las letras, os traigo el decir de aquel personaje que tenía aquella misión: deshacer entuertos, prodigar el bien, evitar el mal, huir de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y que buscó para su propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?, se preguntaba el famoso hidalgo 😉

Estoy completamente de acuerdo con que en la actualidad los jóvenes leen y escriben más que nunca, sobretodo en otros formatos. Un placer haberte descubierto. Te sigo leyendo.

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