1º Premio nacional Fundación MAFPRE, innovación educativa 2013/14.

04 de diciembre de 2014
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1º Premio nacional Fundación MAFPRE, innovación educativa 2013/14.

Montserrat Alonso Álvarez. COLEGIO VIRGEN DE LA PEÑA. Bembibre (León). Pedagogía Terapéutica, Orientación y Gestión de Calidad.

“AQUÍ ME SIENTO BIEN: ÉSTA TAMBIÉN ES MI CASA. Manejo Emocional del niño Migrante  tras el viaje migratorio”.

Desde ni niñez más temprana, recuerdo las conversaciones de mis padres a la mesa, conversando sobre sus años de migrantes en Suiza. Fueron emigrantes de aquellos de los 60, cuando España sufría tal crisis que salir del país se presentaba como la única solución posible. Con apenas unos estudios básicos, y con un absoluto desconocimiento del mundo, se instalaron en Berna, la capital, donde permanecieron durante 14 años. Allí nací yo. Solamente estuve 3 años, los suficientes como para que mi memoria recordara imágenes, olores e incluso sabores en mis posteriores viajes a la tierra alpina que me vio nacer.

Las emociones que describe el director de cine Carlos Iglesias en su película “Un franco 14 pesetas” (2006), calcan a la perfección las diferencias que, ya hace años, existían en países europeos con respecto a la acogida del migrante. Me sobrecogen las descripciones de mi padre con respecto al primer día de escuela de mi hermana: era el propio “patrón” quién acompañaba a mis padres a llevarla en aquella jornada tan importante de su vida; les presentaba a la maestra del “kindergarten” y les animaba en el acto de cortar el lazo emocional con su hija en un país desconocido para ellos.

A lo largo de 15 años de vida laboral como maestra de Pedagogía Terapéutica en el Colegio Virgen de la Peña (Bembibre), mi contacto con los niños migrantes ha sido constante. Zona minera por excelencia –ahora en decadencia-, y receptora de extranjeros en pos de la misma fortuna que años atrás muchos españoles, he podido observar las conductas y procesos de adaptación que muestran estas familias. La gran mayoría de origen árabe, casi siempre separados del padre durante los primeros años de acomodación, y posteriormente familias reagrupadas con esposas e hijos. Las dudas han estado desde siempre:

¿Imaginas lo que siente un niño cuando deja su país? ¿Se les pregunta con frecuencia qué es lo que sienten?, ¿Cómo se sintieron cuando dejaron atrás amigos, familia, paisajes, recuerdos…? ¿Se les pregunta acaso sobre lo que sintieron cuando llegaron?, ¿Quién les ayudó?, ¿Cómo resolvieron sus conflictos emocionales?, ¿O tan siquiera, si los han superado?, ¿O acaso alguna vez el profesor de música les sugiere que entone una melodía de su país de origen y que expliquen lo que ensalza?, ¿Se procura cada día facilitar su integración en el aula, pidiéndoles que ejemplifiquen aquel concepto del que se está hablando para ampliar el punto de vista, la visión del problema a debatir, o simplemente que se sienta importante y aporte su experiencia al igual que el resto de sus compañeros?, ¿Se les da la oportunidad en los centro católicos de entonar una oración a “Alá” -al igual que él escucha las oraciones a nuestro Dios- en pos del respeto, la tolerancia y la apertura a las otras culturas y religiones? ¿Somos conscientes quiénes les rodeamos en la escuela de que mientras no elaboren el duelo migratorio al que las circunstancias vitales les ha retado, no podremos pretender otro tipo de avances, y menos aún los académicos? ¿Podríamos minimizar el porcentaje de riesgo de abandono escolar temprano educando las emociones?

En pos de serenar mi conciencia, se generaron en mi mente las directrices para el Proyecto de Comprensión: “AQUÍ ME SIENTO BIEN: ÉSTA TAMBIÉN ES MI CASA. Manejo Emocional del niño Migrante tras el viaje migratorio”. Quise plasmarlo en un Mapa Mental, experimentando con otra de las técnicas que me apasiona, y sobre el que también desarrollé un proyecto posterior con este mismo grupo. Era mi propio MM del proyecto:

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A emociones y sentimientos provocados en los niños y familias por el hecho migratorio, el duelo que genera –Síndrome de Ulises-, el manejo de la llegada y la adaptación socioemocional al nuevo entorno y al centro, la situación socioeconómica inestable a la que se enfrentan, la falta de redes sociales de apoyo, etc…, se les añade todo lo relativo al ámbito curricular. Por si fuera poco todo lo mencionado, los niños han de sacar aun mas fuerzas para poder enfrentarse a un sistema educativo, sobre el que los organismos oficiales y el estado teoriza panaceas sobre la educación individualizada y adaptada, donde justifican sus decretos y decisiones con teorías educativas como programas de apoyo, niveles de desarrollo integral, motivación, inmersión lingüística, etc., para luego contradecirse conduciendo a estos pequeños a hundirse en la frustración y en la desmotivación hacia todo lo escolar por medio de pruebas del mismo nivel que su grupo de edad, mismo temario, mismos libros de texto… esto no es acogida. Ni siquiera humanidad.

El síndrome de Ulises quizás no abarque a la infancia con la misma sintomatología que a los adultos, hecho influido por la mayor capacidad de adaptación a los acontecimientos en edades tempranas, así como la inmadurez e inconsciencia de los pequeños sobre las causas y problemáticas reales que generan este tipo de decisiones.

De todo lo explicado anteriormente, se deducen los objetivos básicos del proyecto:

Analizar las emociones referidas a cada una de las etapas del viaje migratorio (1. La noticia; 2. El viaje; y 3. La llegada), tratando de aprender a nominarlas, identificarlas y elaborarlas de una forma positiva, y comprendiendo que dependiendo de cómo se vivan las emociones, las cogniciones y pensamientos derivados van a ser también positivas o negativas.

– Fomentar las relaciones interpersonales en un ambiente distendido y de confianza (identidad colectiva), donde cada migrante pueda mostrar su propia experiencia del viaje, desarrollar la empatía hacia lo que el otro siente, identificarse, analizar y elaborar de forma positiva sus emociones, etc., todo ello fomentando la aparición de la conciencia de grupo.

– Desarrollar una inteligencia emocional positiva, de modo que pueda garantizar de algún modo el bienestar emocional del niño, y prepararle para todos los retos a los que se enfrente a su llegada al país de acogida (cultura, idioma, costumbres, etc.).

Todo el proyecto se encuadra bajo las directrices de teorías y pensadores de referencia en cuanto a las Inteligencias Múltiples (H. Gardner) y la Inteligencia Emocional (Goleman), el Trabajo Cooperativo (Johnson & Johnson), la terapia Racional Emotiva (A. Ellis), etc., teorías hoy en boga, y ampliamente experimentadas en países extranjeros y ya en algunos centros de nuestro país.

Las actividades desarrolladas estaban encuadradas bajo las 8 inteligencias del profesor Gardner, tratando de desarrollar la comprensión de las emociones de todo el proceso migratorio, paralelamente al desarrollo de éstas:

o I. LINGÜÍSTICO-VERBAL: actividades relacionadas con los relatos orales y escritos de acontecimientos y emociones, en los tres momentos del viaje migratorio.

o I. LÓGICO MATEMÁTICA: con actividades relacionadas con datos del país de origen (cálculo de distancias, tiempos de viaje, tiempos de paradas de descanso, etc.)

o I. ESPACIAL: actividades relativas a la ubicación espacial de países de origen/ acogida, expresión gráfica, role-playing, análisis de las emociones en la pintura modernista (Obras de Munch, Picaso,etc.).

o I. MUSICAL: audios de músicas y letras típicas de cada país.

o I. CORPORAL Y CINESTÉSICA: role-playing, expresión física y gestual de emociones, etc.

o I. INTRAPERSONAL: todas las actividades realizadas ayudaron a la introspección y el autoanálisis personal, el matiz emocional de los objetos que conservan de su país de origen (Caja Emocional), análisis emocional con técnicas de Visual Thinking (Mapa Emocional)

o I. INTERPERSONAL: con la mayoría de las actividades, ya que se realizaban en pequeño grupo (aprendizaje cooperativo informal) y en el hogar con la familia.

o I. NATURALISTA: con actividades como los datos relativos al país de origen, emociones generadas al observar los paisajes y en entorno en el momento de la llegada, etc.

Todas las actividades quedaron registradas en “Cuaderno Emocional de mi Viaje”: una especie de diario emocional personalizado, donde escribían sus relatos emocionales. En algunas líneas, y con distintos niveles de competencia lingüística (cada uno a su manera), plasmaban aquello que habíamos estado trabajando en cada una de las sesiones. Los relatos, a pesar de la precariedad sintáctica y gramatical, y de la escasez de vocabulario, conseguían dar cuenta de la idiosincrasia de cada caso. El hecho de no dominar el castellano, no era un impedimento, ya que la rúbrica contemplaba como principales metas, no la corrección en el uso del lenguaje –como no podía ser de otra forma-, sino el nivel de análisis de las propias emociones, y el desarrollo emocional positivo.

Con el paso de las sesiones, pude comprobar el estado de bienestar y confianza generado en los niños, así como el desarrollo de un espacio común de interacción personal y privada, “abierto al otro”, a aquel que había sentido justamente algo similar.

Como broche final -éste de oro-, conté con la colaboración de las propias familias en la celebración de un taller emocional sobre la experiencia propia de la migración, en el cual pudieron expresar sus propias vivencias, contrastarlas con las versiones dadas por sus hijos, e intercambiar opiniones y pensamientos sobre la experiencia vivida (para los menos ya lejana, y para la mayoría aún muy reciente), que en algunos casos, hicieron enjuagarse de lágrimas las miradas de unos y otros… Se crearon una atmósfera y un sentimiento de empatía difíciles de describir.

El proyecto tuvo una duración de 15 sesiones de 1 hora, a razón de 3 por semana. Se aplicó a un grupo de 5 migrantes de educación primaria. Se trata del primer proyecto de ésta índole llevado a cabo en el centro, aunque sí contamos con un Programa de Acogida que todo el profesorado conoce y maneja, dónde se detallan todas las actividades y funciones de los distintos órganos del centro, y un Plan de Adaptación Lingüística. Los tutores de este grupo de alumnos fueron informados de la ejecución de dicho proyecto, aunque no estuvieron implicados directamente en su desarrollo.

Considero que fue una de las experiencias más positivas y enriquecedoras de mi vida como docente. Y una oportunidad única para este colectivo de conocerse a sí mismos, valorar la experiencia de la migración como una oportunidad y una vivencia especial y repleta de aspectos positivos que anteriormente no habían visto, y desarrollar la inteligencia emocional. El solo hecho de poder identificarse con otros niños, de observar cómo los otros exteriorizaban sus vivencias y emociones en cada uno de los tres momentos del viaje, de descubrir emociones a las cuales no podían ponerles nombre, de ejemplificar “lo sentido” con casos más cercanos al aula ordinaria, de descubrir que las emociones están inmersas en cada momento de la vida, e incluso en las obras de arte más famosas o en los objetos que nos rodean en la vida cotidiana, en la música, etc., les había proporcionado una nueva perspectiva de su experiencia migratoria. Nunca antes habían tenido la oportunidad de analizar toda aquella amalgama de emociones que, a modo de tempestad, les inundó el día que salieron de su país. En la mayoría de los casos, la versión de los padres había sido escueta e infantilizada. Esta experiencia les había permitido comprender su viaje migratorio desde una perspectiva más amplia y positivizando hechos que antes veían como negativos. Y lo más importante, dentro de un grupo de referencia con el que se sintieron totalmente identificados. Daba igual el lugar de origen, la lengua materna o la cultura: estaba sucediendo… “ellos habían sentido lo mismo que yo”.

Creo que a estas alturas perciben su “viaje” de una forma muy distinta y gratificante…

1 Comentarios

(SM no se hace responsable de los comentarios realizados por los usuarios).
Santiago 04 de diciembre de 2014

Gracias a mentes inquieta y brillantes como la de Montse, la educación y pedagogía evolucionan.
Su presencia en Bembibre supone un valor añadido importantísimo para el colegio.

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