¿Qué hacer ante…? El niño que es muy inseguro

30 de junio de 2015
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¿Qué hacer ante…? El niño que es muy inseguro

El niño que es muy inseguro

El caso

Pepe tiene nueve años y es un alumno de 2º curso del 2º ciclo de Educación Primaria. Desde que empezó a ir al colegio, ha tenido algunos problemas. Está acostumbrado a que se lo solucionen todo y ahora no se atreve a hacer nada por su cuenta.

Es muy indeciso, cuando tiene que tomar alguna decisión le da vueltas y vueltas y siempre quiere saber lo que opinan los demás y que alguien decida por él. Si pierde en el colegio algún libro o el material, no es capaz de decírselo a su profesor y es su madre la que por las tardes “rastrea” el colegio hasta que aparece.

En el colegio se siente tímido y desgraciado. Siempre le preocupa lo que piense el profesor y no se atreve a tomar iniciativas por miedo a hacerlo mal. Si alguna vez se equivoca se le saltan las lágrimas, lo cual empeora la situación, porque los compañeros se ríen de él. Sus notas son normales aunque su profesor opina que podría rendir mucho más. Le falta iniciativa. Cuando el profesor pregunta en clase, aunque se sepa la respuesta, duda y no se atreve a contestar.
Cuando la tarea es fácil no hay problemas, pero en el momento que presenta alguna dificultad piensa que él no es capaz y se empieza a agobiar.

¿Qué podemos hacer?

El objetivo que tiene el tutor ante sí consiste en enseñar a Pepe a tomar decisiones por sí mismo. La forma más eficaz de ayudarle consiste en recompensar sus logros y no siendo demasiado crítico con sus fracasos. No nos excedamos en los elogios, de forma que él vea que son sinceros. De cualquier forma, buscaremos ocasiones cotidianas para elogiarle.

Pero no bastan sólo los elogios. Su falta de autoconfianza es demasiado profunda, ya que ha experimentado numerosos fracasos.

Es necesario que el niño experimente el éxito para que pueda recobrar la confianza. Hay que descubrir en él algún talento que no hayamos observado antes y reforzarlo. Prepararemos situaciones, ejercicios, en los que sabemos que nuestro alumno tendrá éxito.

Habrá que empezar por cosas que pueda lograr fácilmente y poco a poco ir incrementando la dificultad de la tarea. Nunca subiremos un escalón sin que el alumno haya superado el anterior con éxito.

Valoraremos su esfuerzo y no sólo los resultados. Le enseñaremos poco a poco a aceptar el riesgo de cometer errores y aprender de éstos. Tenemos que enseñarle a tomar decisiones, le daremos un tiempo máximo para que decida, le enseñaremos a buscar alternativas, le enseñaremos a valorar las ventajas e inconvenientes de cada alternativa y le haremos asumir las consecuencias de su decisión. Por supuesto, que el tutor implicará a todos los profesores y a los padres. Si todos colaboramos, lograremos que Pepe mejore.

El niño paralizado por la ansiedad

El caso

Marta tiene seis años y hasta hace unos meses era una niña alegre y tranquila, aunque siempre ha sido algo tímida.

Últimamente, sus profesores han advertido que ha cambiado.

Toda su antigua energía y alegría se ha esfumado. Parece triste y muestra una gran resistencia a emprender cualquier actividad nueva. Llora en clase con frecuencia y, a menudo, sin un motivo aparente.

Tiene problemas de adaptación: le cuesta relacionarse con sus compañeros y, en varias ocasiones, se han metido con ella porque lleva gafas para mejorar su visión. Se ha convertido en una niña solitaria que evita a sus compañeros de clase y se resiste a tener nuevos amigos. En general, es una niña muy dócil e inteligente, aunque a menudo se despista y comete errores absurdos en los controles por ser demasiado impulsiva.

Su tutora está preocupada porque, además, se enfada por cualquier cosa y porque sus llantos en la clase son cada vez más frecuentes.

¿Qué podemos hacer?

Nos encontramos ante un caso típico de ansiedad. La ansiedad no es una enfermedad, sino una reacción natural del organismo que ocurre de forma inapropiada. Si Marta está de mal humor o irritable, debe encontrarse con que los demás le enviamos ideas positivas pero no nos burlaremos ni ignoraremos sus argumentos.

La niña debe ver que la escuchamos positivamente, es decir, que escuchamos con los ojos además de con los oídos.

Por otra parte, favoreceremos en ella la autoestima porque una alta autoestima es un buen antídoto contra la ansiedad.

Es también muy interesante que la enseñemos a relajarse. A la mayoría de los niños les encanta que les enseñen técnicas de relajación si éstas se le presentan como un juego divertido.

Entre ellas destacamos la de mantenerse cómodo y en silencio en una habitación tranquila, escuchar alguna pieza musical que le guste mucho, tensar algunos músculos y luego relajarlos, crear una película mental, pensar en una experiencia pasada feliz, respirar profundamente…

Por último hay que tener en cuenta que el trabajo de mitigar la ansiedad de Marta debe llevarse a cabo entre profesores y padres. Por lo tanto, habrá una estrecha relación entre unos y otros.

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