Altas Capacidades en la escuela. 4 puntos de vista diferentes para un mismo diagnóstico

01 de Octubre de 2015
1
Altas Capacidades en la escuela. 4 puntos de vista diferentes para un mismo diagnóstico

El niño

Mario tiene 8 años y acude a un colegio público de su localidad donde está matriculado en Tercer curso de Educación Primaria. Mario es tímido y no suele ser él quien inicia la interacción con sus compañeros ni con los profesores. No le gustan mucho los deportes, y si tiene que elegir prefiere aquellos que no son de equipo.

A Mario le gusta fantasear con formar parte del equipo de fútbol que sus compañeros forman todos los días durante el recreo para jugar, así como con meter un gol que dé la victoria a su equipo y recibir, al menos una vez, el reconocimiento de sus compañeros. Sin embargo Mario no dará el primer paso nunca para conseguir lograr esta fantasía, ya que es extremadamente sensible y ha sufrido en otras ocasiones los reproches de sus compañeros cuando no ha realizado bien un pase o cuando le han metido un gol cuando ha jugado de portero. Mario no gestiona bien estas emociones y considera que sus compañeros le rechazan, ante lo cual siente casi como un castigo ir a clase.

A Mario le encanta leer y es difícil que un día no lleve un libro en las manos. Le gustan muchas temáticas y casi se podría decir que a su edad es un experto en algunas materias. Cuando era más pequeño, en Primer curso de Primaria, a sus profesores les gustaba mucho que Mario hablase de dinosaurios y le permitieron incluso hacer algunas presentaciones en otras clases, algo con lo que Mario disfrutaba muchísimo. Un día unos chicos se burlaron de él durante una de estas presentaciones y desde entonces Mario ha preferido intentar no volver a destacar en el aula, de manera que ya no habla a sus profesores de los temas que le gustan y, cuando trabajan en el aula estos temas, Mario prefiere pasar desapercibido.

Las calificaciones de Mario no son malas, pero claramente ha habido un retroceso en estos tres años que lleva escolarizado. Aunque trata de parecer interesado, generalmente se aburre en clase cuando tiene que hacer ejercicios para repasar un concepto que le han explicado y que ha comprendido. Empieza a ser habitual que ya no presta atención desde el principio de las explicaciones y por eso, cuando le han preguntado en el aula, no ha respondido correctamente a esas preguntas. Esto ha desencadenado en alguna nota en su cuaderno que sus padres han tenido que firmar y que en algún examen no ha contestado correctamente a algunas preguntas básicas. A Mario, como a cualquier otro niño, le gustaría obtener muy buenas calificaciones, pero no sabe cómo explicar a sus padres que se aburre en el colegio y sus profesores no parecen prestarle la ayuda que a él le gustaría recibir.

Dentro del colegio Mario solo se relaciona con dos niños. Uno de ellos es algo mayor (tiene 10 años), y Mario comparte con él su afición por la astronomía. A Mario le gustaría ir a la misma clase de este niño y sentarse con él, pero sabe que es imposible y por ello tiende a buscarle durante el recreo para hablar con él. El día que lo consigue disfruta del recreo, y el día que no lo consigue sufre porque se siente rechazado por su amigo. Siente que si fuera mayor o si supiera más astronomía podría conseguir mayor atención de su amigo y podría pasar más tiempo con él.

El otro niño con el que Mario se relaciona es un niño con algunos problemas de aprendizaje. Es un niño algo travieso e inquieto, y Mario pasa bastante tiempo con él en el aula, ayudándole con algunas tareas sencillas y explicándole con sus propias palabras algunos temas que se han trabajado en clase y que su amigo no ha comprendido. Para Mario este niño no es realmente un amigo, pero al menos es un buen comodín con el que consigue que las clases pasen de manera más amena y, por otra parte, este niño hace de escudo cuando otros niños del aula se han intentado meter con él. A Mario le gustaría tener el desparpajo y la valentía de este niño, y cuando habla con él intenta adaptar su comportamiento al de este, pero en el fondo sabe que no se encuentra cómodo en este rol.

A Mario le gustan algunas niñas de su edad, al igual que pasa con la mayoría de los niños de su clase. En alguna ocasión se ha acercado a alguna para hablar con ellas pero el resultado no ha sido el esperado, por lo que cada vez se siente más inseguro para intentar hablar con ellas.

Los compañeros de clase

¿Qué le pasa a Mario? Ese niño habla extraño expresándose como si fuera un adulto. Además, no le gusta jugar y cuando se le hace alguna broma actúa de una manera muy exagerada. Es distante y altivo, si pudiéramos elegiríamos que Mario no estuviera en nuestra clase.

Mario es torpe y cuando juega con nosotros a algún juego intentamos siempre que no forme parte de nuestros equipos.

A veces el profesor nos propone actividades que tenemos que hacer en grupo y Mario intenta siempre decirnos cómo hacer las cosas. ¡Nosotros ya sabemos cómo nos tenemos que organizar! Si tenemos que elegir a un jefe de equipo preferimos a Rosa, que saca buenas notas y además es muy divertida. Al menos, eso sí que tenemos que reconocerlo, cuando tenemos que trabajar con el ordenador Mario es buenísimo y enseguida consigue encontrar las imágenes que necesitamos o las páginas en las que el profe quiere que localicemos la información que quiere que leamos. Mario sabe algunos trucos muy buenos cuando utilizamos el ordenador de clase y nos lo enseña, y ahí sí que nos gusta trabajar con él.

En el recreo siempre está solo. No quiere jugar con nosotros, y cuando hemos intentado hablar con él resulta que no sabe nada de fútbol, ni de baloncesto, ni le gustan los libros, ni la música ni nada de lo que nos gusta al resto. La verdad es que Mario nos parece muy raro y es una pena, porque cuando éramos muy pequeños nos encantaba escucharle hablar de los dinosaurios y de esos temas que le gustaban tanto. Nos contaba datos muy curiosos que nos divertían y con los que aprendíamos un montón.

No sabemos qué le ha pasado para que ahora sea así, pero si no quiere estar con nosotros entonces que se busque a otra clase para hacer amigos. A lo mejor se puede ir con ese mayor con el que habla de vez en cuando en los recreos.

Los profesores

Mario es un niño que claramente ha ido de más a menos en su rendimiento en el colegio.

Durante los dos primeros cursos estaba más integrado en clase, era participativo y socializaba bastante bien con sus compañeros. Ahora, aunque lo hemos intentado, no conseguimos que se sienta cómodo en ningún grupo y lo peor es que vemos en él una actitud de rechazo a colaborar para conseguir que se integre.

Algo en lo que coincidimos todos es que si él quisiera podría obtener unas calificaciones mucho mejores que las que está teniendo ahora. No se esfuerza lo suficiente, y esto lo demuestra todos los días cuando presenta los deberes en el cuaderno y se ve que los ha hecho rápidamente y sin prestar atención. No cuida los detalles, no le importa presentar borrones y, cuando pedimos algo que se sale de la rutina (como por ejemplo copiar un enunciado o hacer algún dibujo), no lo hace porque dice que se ha olvidado.

En clase no parece prestar atención. En algunas ocasiones le hemos sorprendido leyendo un libro que se ha traído de casa o que ha sacado de la biblioteca, y aunque lo hemos transmitido a los padres parece que sigue reincidiendo en esta conducta.

Algunos compañeros dicen que es posible que Mario sea hiperactivo, o que tenga algún problema de aprendizaje como dislexia. Con otros 24 alumnos en clase es difícil centrase en uno durante mucho tiempo, y además hemos podido ver que en algunas tareas que le han gustado especialmente ha conseguido destacar sobre el resto. La verdad, podría ser sencillamente que Mario es vago y que no se esfuerza.

Le encanta trabajar con el ordenador. Si fuera por él seguro que estaría todo el día pegado a la máquina. Es una pena que no tengamos más equipos en el aula, por lo que los momentos para utilizarlo son muy contados y nos tenemos que centrar en una enseñanza más tradicional para asegurarnos de cumplir con los objetivos que tenemos marcados para el curso. Mario tiene que prestarnos la misma atención cuando utilizamos el libro que cuando utilizamos el ordenador. Ahí nosotros poco podemos hacer.

Hemos intentado sentarle con diferentes compañeros y con ninguno ha acabado de congeniar del todo. Sentarle en la primera fila solo ha servido para que parezca que nos presta atención, pero ya son varias las ocasiones en las que le hemos preguntado por lo que estamos explicando y no ha sabido responder correctamente. Es como si estuviera en las nubes, y así es muy difícil trabajar con él.

Pediremos una nueva reunión con los padres y vamos a pedir ayuda a la psicopedagoga del centro. Ojalá ella sepa decirnos cómo trabajar con Mario.

Los padres

Mario es el segundo de tres hermanos. Tener tres hijos en esta época es algo casi heroico, y con ellos, el trabajo, y las obligaciones que tenemos en casa, nos es imposible prestar a Mario toda la atención que merece.

Cuando era más pequeño Mario era muy cariñoso, y ahora se muestra huraño cuando intentamos hablar con él. Nos cuesta mucho que haga los deberes, y lo que nos sorprende es que cuando se ha concentrado se ha aprendido las lecciones a una velocidad increíble. El tiempo que perdemos todos los días hasta que acaba las tareas del colegio es algo que nos desespera, y que acaba ocasionando tensión en casa.

Los profesores nos han escrito varias veces en la libreta del niño diciéndonos que no ha hecho todos los deberes, o que los ha llevado sucios, o que se ha olvidado de llevar algún material que le han pedido en clase. Si Mario no nos lo dice nosotros no podemos saber cuántas tareas tiene que hacer ni de qué manera, y no podemos centrarnos solo en él. Sus dos hermanos también van al mismo colegio y no están teniendo ningún problema. Nos duele decir esto, pero ojalá Mario fuera como ellos.

Nos preocupa bastante que Mario no tenga amigos. No le suelen invitar a los cumpleaños de sus compañeros y cuando lo han hecho le hemos visto distante y aburrido. ¿Qué podemos hacer ante esto?, ¿por qué no juega? Tiene que entender que es un niño y que no puede pasar el tiempo hablando con los mayores. Ya no es un niño pequeño y cuando estamos con otros padres nos gustaría poder hablar con ellos sin tenerle todo el tiempo encima.

Le hemos intentado apuntar a varios deportes y acabado abandonándolos todos. Las rabietas que tenía cuando le llevábamos y los dolores de tripa que le ocasionaba la tensión de tener que participar nos ha hecho pensar que es mejor no obligarle a practicar ninguno de ellos. Ni el judo, ni el fútbol ni el tenis le han gustado.

Por el contrario hay otras actividades que sí que le gustan y a las que acude con gusto. El ajedrez, por ejemplo, le apasiona, y en casa practica con su madre demostrándola que tiene habilidades para llegar a ser un buen jugador. Otra actividad que le gusta es la pintura. Aunque no es especialmente diestro, o al menos no nos parece que sea un pintor especialmente bueno, no pone pegas a ir a esta actividad extraescolar, así que le seguiremos llevando.

Lo que sí que le encanta es leer. ¡Le hemos llegado a sorprender leyendo debajo de las sábanas, con una pequeña linterna, cuando se va a la cama! Es increíble decir que el peor castigo para Mario es quitarle su tiempo de lectura, seguro que hay muchos padres que nos dirían que les encantaría tener este mismo problema con sus hijos, pero ellos no saben que lo que nosotros vemos en Mario es casi una obsesión por leer.

Nos han convocado a una nueva reunión (¡ya van tres en lo que va de curso!), y nos han dicho que a esta va a venir la psicopedagoga.

La psicopedagoga

Mario es un niño de 8 años que viene presentando problemas sociales y escolares desde hace un par de años. Estos problemas se han agravado durante los últimos meses.

He hablado con los profesores y hay algunos que me dicen que Mario no se concentra en clase, que no presta atención, y la mayoría de ellos me comentan que Mario no tiene amigos y que le cuesta relacionarse con sus compañeros.

La tutora de Mario durante Primero y Segundo de Primaria me ha comentado que para ella Mario fue durante mucho tiempo un alumno modelo. Era atento, aprendió a leer y escribir casi sin ayuda, y había muchos temas en los que destacaba claramente sobre el resto de compañeros.

Le he vigilado durante un par de recreos y he podido ver que Mario se mueve cerca del círculo de los niños de 4º de Primaria. En especial le he visto hablar con un niño. Cuando me he acercado he visto que ambos estaban mirando las ilustraciones de un libro de astronomía que Mario había traído de casa. No era un libro infantil, y sin embargo ambos estaban muy concentrados en él, especialmente Mario.

Ayer me senté con él y me sorprendió su vocabulario, mucho más avanzado de lo esperado para su edad, y su comportamiento, también mucho más adulto del esperado.

Mario insiste mucho en que el colegio le aburre. ¿Es posible que no preste atención por esta causa? Voy a pasarle un par de test y espero obtener de ellos un diagnóstico que me permita ayudar a Mario.

2 meses más tarde

Mario fue diagnosticado en Altas Capacidades. Las pruebas realizadas descartaron otros problemas, y la psicopedagoga trabaja ahora dando indicaciones a los profesores para que le ayuden a integrarse en clase. Es muy importante evitar que se sienta herido por comentarios de sus compañeros, así que el trabajo es con todo el grupo y no solo con el niño.

Además, ha propuesto que el niño realice una serie de fichas que le mantengan enganchado a la clase cuando empiece a aburrirse. Para hacer las fichas, con actividades muy motivadoras para Mario, este tiene antes que demostrar un buen comportamiento y tiene que terminar correctamente las actividades que también hacen el resto de sus compañeros en clase.

Aunque los padres al principio se mostraron sorprendidos por el diagnóstico, se tuvo que trabajar con ellos para explicarles que Altas Capacidades no es sinónimo de éxito y que el problema que presenta Mario no significa que no haga uso de ellas por ser vago. En realidad, el niño tiene que recibir una atención personalizada acorde a sus características.

Mario se muestra ahora más tranquilo y empieza a ser habitual que levante la mano para responder a preguntas que hacen los profesores en clase. Además, gracias al refuerzo con sus compañeros está empezando a socializar y ya se relaciona con algunos compañeros más. En el recreo sigue sin querer participar en los juegos con sus compañeros, sin duda por miedo a volver a la situación anterior en la que se sentía rechazado.

Queda mucho trabajo por hacer pero de momento la situación parece que va bien encaminada.

Ojalá Mario consiga desarrollar su potencial. Depende de él y de todos lo que le rodean.

1 Comentarios

(SM no se hace responsable de los comentarios realizados por los usuarios).

Déjanos tu comentario

Rellena el siguiente formulario si quieres dejarnos tus comentarios. Es necesario rellenar todos los campos del formulario. Debes aceptar la política de privacidad antes de publicar. Todos los comentarios serán moderados y podrán ser eliminados si no cumplen las condiciones de publicación.

*:

*: