10 cosas que no aprenderás con Google

21 de Octubre de 2015
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10 cosas que no aprenderás con Google

He leído muy buenas reflexiones sobre educación digital últimamente y también he escrito sobre la misma. Igualmente hay no pocas aportaciones y críticas excelentes contra ella, de las que hacen pensar, al menos, que reducir la buena educación a la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula es un peligro cierto. Siempre será irrenunciable la presencia de un buen profesor que acompaña el crecimiento de sus alumnos. De hecho, parto de la premisa de que el profesor del mañana será muy diferente a un almacén de conocimientos estilo Google.

Reflexionar sobre todo aquello que somos incapaces de aprender en internet, nos devuelve una imagen del profesor mucho más saneada y limpia. De entre todo lo que no podemos aprender en Google, me limito a presentar una pequeña lista de 10 cuestiones que hacen del aula un espacio de suma relevancia.

  1. Buscar lo que quieres. Esta pregunta será siempre primera a toda razón instrumental. Para qué, dicho de otro modo, quieres aprender algo, por qué estás buscando algo.
  2. A ser crítico. Habilidad imprescindible, aunque hablamos demasiado poco de ella. Internet es el mundo donde todo cabe, fiel reflejo del resto de la realidad. No hay marcadores relevantes que destaquen una información por encima de otra en cuanto a calidad. La red se mueve por números y un número máximo de visitas no asegura que algo sea ni verdadero ni bueno. Wikipedia, lugar tan frecuentado, es un espacio de colaboración con criterios no pocas veces discutidos y discutibles.
  3. Tener prioridades. Tan importantes desde la misma infancia, tal nucleares en educación y en el desarrollo. Es curioso que, cuando preguntamos a Google sobre esto, aparezcan infinidad de artículos generales, pero desprovistos de la capacidad de personalizar en la vida de cada persona. Y nuestros alumnos son únicos, y deberíamos enseñarles a seguir siéndolo al tiempo que les integramos en la sociedad.
  4. Educación física, corporal. Tenía que decirlo. Se puede aprender mucho sobre salud, como de tantas otras cosas. Luego hay que ejercitarla. Y todos sabemos llegada ya una edad que hay una línea enorme que separa ambos aspectos. Acerca de este asunto pocas veces se habla en educación, salvo cuando llegan los problemas.
  5. Trabajar en equipo. Herramientas y aplicaciones para la colaboración hay cientos, muchas muy buenas. Pero los requisitos para saber usarlas convenientemente se adquieren fuera, no pocas veces jugando con compañeros, integrando normas, clarificando objetivos.
  6. Descubrir las propias preguntas e intereses. Tarea educativa donde las haya, que requiere gran dedicación por parte del docente. Lamentablemente en ocasiones nos dejamos llevar tanto por el ritmo de las clases que las preguntas quedan relegadas al final, si las hubiera, en lugar de ser lo primero que aparece cuando pica la curiosidad o el interés por solucionar un problema. De igual manera respecto a los intereses de los propios alumnos. Google no tiene ni idea de estas cuestiones.
  7. Elaborar pensamiento propio. De hecho, el mundo de Google se presenta como el enemigo, de algún modo, de la dedicación paciente y sosegada a las propias preguntas. Antes de buscar y buscar, ¿por qué no reservar espacios para ese primer paso personal en clase, que den lugar también a diálogos fructíferos?
  8. Dialogar y otras tantas actitudes. Cuando llegamos a la red “adulta”, encontramos actitudes ya consolidadas. Unas son capaces de derribar fronteras y acercar a los que están lejos, otras tienen la odiosa cualidad de separar incluso a los que ya estaban cerca. Las fronteras en la red existen, las actitudes también se muestran. Internet es, sin duda, un lugar habitado por millones de personas que viven en él como deudores de sí mismos. Un mundo mejor pasa por la tecnología puesta al servicio del diálogo y la cooperación, pero no se aprenderá a golpe de clic.
  9. El respeto por uno mismo. No hace falta explicar mucho del asunto. Espero que a todos les parezca fundamental, nuclear y esencial, y reconozcan que esto no se aprende en internet. Más bien al contrario, la red da más disgustos a quienes se respetan poco o mal a sí mismos, a quienes no cuidan su propia dignidad y contribuyen a ella.
  10. La ayuda a quien lo necesita. Este asunto no es ajeno del todo a la red y a las redes sociales. Quizá son puntos esenciales para acrecentar y cultivar la sensibilidad sobre lo que ocurre en el mundo. Pero también en este asunto hacer algo, comprometerse verdaderamente, suponga cerrar el portátil, apagar la tablet y empezar a mirar más alrededor. El aula, sin más mediaciones que las más naturales, debiera ser el primer laboratorio para descubrir cuánto tiene cada persona que aportar al mundo.

Dicho esto, me quedo con las ganas de reivindicar que el profesor es esencial, frente a Google, para tantas y tantas cosas. La lista que he hecho está inconclusa. Yo mismo pienso otras muchas cuestiones, privadas o políticas, que surgen antes de que un alumno pueda teclear siquiera su primera palabra en internet. Padres, maestros, profesores son figuras que deben recuperar autoestima y su valor frente a meros repositorios de conocimiento. ¡Somos mucho más!

@josefer_juan

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