La educación emocional llama a la escuela

11 de Diciembre de 2015
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La educación emocional llama a la escuela

José Luis Domínguez López. Profesor de ESO y Bachillerato. Editor de Humanidades en SM. Postgrado en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional.

Estamos a punto de terminar el año 2015 y todavía muchos docentes, familias y, sobre todo, alumnos se siguen preguntando cuando se van a producir cambios estructurales en nuestro sistema educativo, para que éste sea un facilitador real, tanto de la enseñanza como del aprendizaje, y prepare a los jóvenes en las competencias que necesita un ciudadano del siglo XXI.

Desde los años noventa, cuando entró en vigor la LOGSE, tanto ésta como el resto de leyes educativas que le han sucedido han recogido en sus preámbulos, es decir en su declaración de intenciones, que el objetivo fundamental de la educación es el desarrollo integral de la persona. De igual manera, en la práctica totalidad de los proyectos educativos de los centros se explícita este mismo principio.

Sin embargo, la aplicación de este fundamento no ha tenido un desarrollo en la práctica y han primado otras consideraciones sobre la finalidad de la educación. En concreto, para muchos ciudadanos, instituciones y gobiernos, el objetivo principal ha sido transmitir conocimientos relacionados con unas disciplinas académicas que aparecen sistematizadas y secuenciadas y sobre las que se califica al alumno tras realizar unos exámenes.

Afortunadamente, cada vez es mayor el número de colegios que están convencidos que el para qué de la educación debe cambiar. Es necesario formar a personas en su integridad, donde el desarrollo cognitivo no sea el único, sino que se tenga en cuenta el desarrollo emocional, social y ético de los que aprenden.

Así, nuevos enfoques pedagógicos y metodologías innovadoras se van abriendo paso lentamente en nuestro país. Comenzamos a saber de su existencia por los medios de comunicación o por algunos colegios que han apostado por la innovación educativa. Es el caso del aprendizaje cooperativo, del desarrollo de las inteligencias múltiples, del aprendizaje basado en problemas, de las aulas invertidas, del coaching educativo o de la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional forma parte de varias de las inteligencias que en el año 1983 dio a conocer Howard Gardner. En concreto, está relacionada con la inteligencia intrapersonal y con la interpersonal. En el año 1990, hace ahora veinticinco años, los psicólogos estadounidense Salovey y Mayer divulgaron el primer modelo teórico de inteligencia emocional. A éste le siguieron el de Goleman, quizás el más conocido, y, en años posteriores, el de otros investigadores como Petrides, Furnham o Mikolajczak. En general la inteligencia emocional incluye cinco competencias: el autoconocimiento, la autogestión de las emociones, la motivación, la empatía y la competencia social.

Pero, sin duda alguna, han sido los avances de los últimos años en el campo de la neurociencia, a través del estudio de las diferentes áreas cerebrales, los que nos están aportando datos científicos de cómo funciona y aprende el cerebro. Estas aportaciones son un fundamento importante para la comprensión y la educación de la inteligencia emocional. Durante siglos, la cultura occidental ha menospreciado la emoción, supeditándola al pensamiento racional. Sin embargo hoy, la mayor parte de los científicos, considera que casi toda la actividad mental se desarrolla de manera inconsciente y por lo tanto ligada a las emociones. Unas emociones que son universales, por lo que tomar conciencia de ellas y saberlas gestionar son de vital importancia en cualquier proceso educativo.

Cada vez es más necesario que los docentes reciban una formación acorde con estos descubrimientos. Por un lado, les permitirá tener un mejor autoconocimiento emocional que redundará en su bienestar personal y profesional; por otro, les capacitará para saber cómo aprenden sus alumnos y adaptar sus estrategias de enseñanza. Los educadores deben aceptar que las emociones están presentes en las aulas y conectar los contenidos con las experiencias emocionales de sus alumnos.

En definitiva, las emociones positivas son beneficiosas para el aprendizaje al facilitar la atención, la comprensión y la motivación de los alumnos y alumnas. Como dijo Maya Angelou, la activista estadounidense por los derechos civiles: “la gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo la haces sentir.”

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