Jugar, aprender, estudiar

22 de Enero de 2016
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Jugar, aprender, estudiar

Los humanos somos una especie realmente peculiar. Somos los únicos seres que hemos desarrollado un intelecto superior y en ocasiones tendemos a emplearlo en memorizar una serie de conocimientos de los que no sabemos qué aplicación práctica tienen, de manera que tendemos a olvidarlos apenas pasa poco tiempo después de haberlos memorizado.

Resulta curioso ver que los niños, cuando son muy pequeños, se van desarrollando y van adquiriendo hábitos y destrezas a través del juego. En esa época, los niños son capaces de asimilar una gran cantidad de conocimientos sin apenas esfuerzo y de una manera totalmente natural. Se podría decir, también, que cuando somos adultos y nos acercamos a un niño pequeño, sabemos cómo enseñarle a través del juego. Es algo que nos sale de una manera innata, casi como si lo llevásemos impreso en nuestro ADN y entendiésemos de qué manera tenemos que ayudar a nuestros semejantes para que se desarrollen, y para que finalmente todos avancemos como especie.

Cuando pasan los años, sobre todo en los primeros años de escolarización, los niños comienzan a adquirir las habilidades que necesitan de una manera diferente. Ya no solo juegan, sino que son capaces de aprender mediante otras técnicas que les son innatas. En esta época, en la que los contenidos que asimilan son eminentemente prácticos, no resulta especialmente difícil hacer que los niños aprendan, y estos entienden que solo mediante la práctica continua pueden mejorar la manera en que hacen las cosas. Hablamos de destrezas básicas, tales como leer, escribir, atarse los cordones, etc… conocimientos básicos que sin embargo les van a servir para toda la vida.

Ocurre sin embargo que llega el momento en que los contenidos se tienen que comenzar a memorizar. Los niños aprenden que tienen que realizar un esfuerzo especial por adquirir estos conocimientos, y les resulta arduo conseguirlo porque no entienden qué sentido práctico tiene para ellos el adquirirlos. Aquí, el buen profesor es aquel que consigue transmitir a sus alumnos que estos conocimientos tienen aplicación práctica, facilitando en gran manera que los niños adquieran los conocimientos y los asimilen con una mayor posibilidad de que no sean olvidados una vez que sean examinados sobre ellos.

Todos hemos tenido profesores que nos han enseñado de esta manera, y son los profesores que recordamos con más cariño cuando terminamos nuestra época escolar. Hay profesores excelentes que consiguen que sus alumnos adoren las Matemáticas, las Ciencias Sociales, la Lengua, y otros que consiguen todo lo contrario: que sus alumnos pasen esa etapa con la sensación de haber perdido el tiempo, de no haber aprendido nada a pesar de haber estudiado mucho.

El verdadero sentido de estudiar es que los alumnos desarrollen una serie de habilidades que les permitan ser más hábiles en el mundo, y para conseguirlo hay que evitar que se pierda el verdadero sentido del aprendizaje y estoy casi seguro que se deberían mantener estrategias didácticas basadas en el juego para lograr este objetivo.

Si incluso cuando somos mayores y empezamos una nueva etapa de aprendizaje (pongamos por ejemplo un Máster) lo normal es que los profesores incidan en que lo que aprendemos es eminentemente práctico y lo hacemos con estrategias que se basan en el juego, ¿por qué no se hace igual en las escuelas e institutos?, ¿acaso creemos que en esas etapas los niños deben aprender de una manera diferente?

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