¿Es necesario seguir entrenando la memorización?

16 de Febrero de 2016
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¿Es necesario seguir entrenando la memorización?

Lo recuerdo perfectamente. Carlos (nombre ficticio) era un alumno excepcionalmente inteligente pero tenía un pequeño problema: era muy difícil conseguir que mantuviera la atención durante todo el tiempo de clase, de manera que era también muy complicado que profundizara en las explicaciones que hacía una vez que la clase había pasado de su ecuador.

Un día, en clase, le pedí que leyera en voz alta un poema de Bécquer, una de esas rimas que todos hemos aprendido de memoria en clase de Lengua y que suelen quedar alojadas en la memoria por muchos años.

Carlos la leyó correctamente. Podría decirse que estaba disfrutando, no solo por el contenido de la poesía, sino también por hacerlo en público, por poder, de alguna manera, representar la poesía delante de sus compañeros. Fue un buen momento, y todo se fue al garete cuando algunos chicos, amigos de Carlos, se burlaron por la manera en que este leyó y representó el poema.

No supe cómo reaccionar más allá de llamar la atención a esos chicos y de alabar públicamente el trabajo que acababa de hacer Carlos. ¡Lo había hecho realmente bien y ahora estaba claramente cohibido! Su rostro mostraba una gran decepción y mucha vergüenza. Seguro que me costaría volver a que representara de nuevo un poema de esa manera.

La clase estaba a punto de terminar y antes de despedirme de mis alumnos escribí en la pizarra las tareas que deberían traer realizadas para la siguiente clase: deberían memorizar un par de rimas y todos las representaríamos en el aula. Antes de irme les dije, además, que esperaba que todos lo hicieran tan bien como lo había hecho Carlos.

Una ola de murmullos que se convirtieron en protesta recorrieron el aula rápidamente: ¿para qué sirve memorizarlas?, estamos a punto de llegar a las fechas de los exámenes y tenemos que repasar. ¡Esto es una pérdida de tiempo!

Les dije, con toda la tranquilidad que pude, que si les parecía que era todo tan injusto estaba en sus manos no aprendérselas.

– Sí claro, y entonces nos suspenderás.

– Eso es cosa vuestra, no mía. Los deberes son los que son y no los voy a cambiar. Solo os puedo dar un consejo: intentar representarlas delante de vuestros padres, que sean ellos los que os ayuden a memorizarlas. Es posible que descubráis que no es tan difícil de conseguir como creéis.

No lo he dicho, pero el centro en el que trabajaba en esa época se encontraba en una zona bastante deprimida socialmente, con unos índices de paro altos y con un nivel sociocultural medio-bajo.

Pasaron los días, creo recordar que en medio hubo un fin de semana, y llegó la siguiente clase. Pregunté a mis alumnos cuáles de ellos habían hecho uso de mi consejo y habían pedido ayuda a sus padres. Levantaron la mano aproximadamente la mitad. Pedí a uno de los que no habían levantado la mano que recitara el poema, y el resultado no fue demasiado bueno. Se equivocó en un par de rimas, no pronunciaba correctamente, sin duda la había memorizado con el único objetivo de salir del paso, de recitarla rápidamente sin disfrutar para nada del proceso.

A continuación pedí a otro alumno, esta vez del grupo de los que sí que habían trabajado la poesía con sus padres, que la recitase en alto. El resultado fue totalmente diferente. Y fue así no solo en lo puramente técnico, sino también en cuánto al disfrute del niño realizando la actividad. Le pregunté a este niño cómo había trabajado en casa, y me dijo que le sorprendió mucho que sus padres se sabían esas poesías de memoria, que cuando tenían su edad también se las tenían que aprender. Es más, cuando le pregunté si sus padres habían recitado la poesía con desgana, sin ningún interés, me dijo que no, que lo habían hecho como Carlos el día anterior, que lo habían disfrutado.

Es posible que la memorización no esté de moda. Es posible, también, que en una sociedad tan tecnificada como la actual sea posible consultar cualquier tipo de información en cualquier sitio, gracias al móvil, a la tablet o al ordenador. Sin embargo, no debemos olvidar que unida a la memorización hay una serie de destrezas que nuestros alumnos no van a adquirir nunca gracias a los dispositivos electrónicos.

En definitiva, ese día en mi clase pude ver con claridad la fina línea que separa la memorización del aprendizaje para toda la vida.

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