La educación emocional y social en otros países

01 de marzo de 2016
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La educación emocional y social en otros países

En los anteriores post se ha hablado de la importancia que la educación emocional tiene en el desarrollo integral de alumnos y profesores y, también, de la implantación que este tipo de educación innovadora va a tener a corto plazo en el sistema educativo español.

Pero, ¿qué presencia tiene la educación emocional en los procesos de enseñanza y de aprendizaje en el resto de países del mundo? ¿Está integrada en los planes de estudio? Alguna de estas preguntas y otras se responden en un Informe que es un referente en la investigación de las experiencias educativas más significativas en este campo. Se trata del Informe que la Fundación Botín lleva publicando desde el año 2007, en colaboración con reconocidos expertos nacionales e internacionales.

En el último Informe del año 2015 se analizan cinco países: Dinamarca, Malta, México, Nueva Zelanda y Suiza, con lo que ya son 21 si se suman los de informes anteriores.

En Dinamarca, las escuelas no disponen de programas nacionales de educación emocional y social obligatorios, sin embargo, la opinión general que más parece prevalecer es que este tipo de educación debe impregnar la relación entre docentes y discentes en todos los niveles. Es decir, se concibe la escuela como una comunidad donde se valoran las relaciones. Por ello, la competencia relacional es una de las tres principales asignaturas impartidas a los estudiantes de magisterio, junto con las materias de didáctica y de gestión del aula.

El bienestar de los niños y jóvenes en las escuelas danesas depende de su reconocimiento tanto en el ámbito académico, como en el social y en el emocional. Se analizan para ello ejemplos de escuelas que apuestan por un enfoque donde prima este tipo de aprendizajes. Así por ejemplo, existen instituciones de educación infantil cuyo objetivo fundamental es fortalecer tres aspectos de la personalidad: la autoestima, la confianza en uno mismo y la independencia; así como actividades en contacto directo con la naturaleza, lo que les permite adquirir “una calma interior que también se extiende al resto del personal docente”. Otro ejemplo es una escuela municipal para niños de 6 a 12 años con problemas emocionales. Aquí la educación emocional y social para las familias y los docentes significa: estar en contacto con uno mismo, ser capaz de verbalizar los sentimientos, ser capaz de entender a los niños y desarrollar el amor propio.

En Malta, la Educación Personal y Social (EPS) se introdujo hace treinta años como asignatura obligatoria en el plan de estudios de enseñanza secundaria de las escuelas públicas. Con un enfoque basado en las competencias, los estudiantes (de 12 a 16 años) tienen la oportunidad de desarrollar competencias intrapersonales e interpersonales como el autoconcepto, la autoexpresión, los hábitos de vida saludable, el comportamiento y la toma de decisiones responsables, capacidades de pensamiento crítico, resolución de problemas y conflictos, gestión de la presión ejercida por los iguales, respeto a los demás, relaciones sanas y aceptación de la diversidad a través de sesiones prácticas donde el maestro asume un papel de mediador.

Además, la educación emocional y social se sigue viendo como competencias de determinadas asignaturas, la ya indicada EPS y las CC. Sociales, Ciudadanía, Economía doméstica y Religión, aunque los docentes de estas asignaturas han recibido poca formación en educación emocional y social.

El contexto educativo de México se enfrenta a desafíos apremiantes como la baja escolarización entre la población preescolar; las diferencias regionales, sobre todo, en el acceso a la enseñanza secundaria y universitaria; la calidad de la educación está asociada al nivel de riqueza; la marginación de determinados sectores de la sociedad como inmigrantes o mujeres, etc. Por ello la educación debe convertirse en el motor para vencer la desigualdad económica y social.

Ante este panorama se han llevado a cabo algunas iniciativas aisladas para implementar programas de educación emocional y social, que han sido promovidas por ONG, e instituciones civiles y académicas. Uno de ellos es el ProgramaAmistad para Siempre”, que es la versión española adaptada de Friends for Life, y que pretende fomentar la resiliencia y las habilidades emocionales y sociales para prevenir dificultades como la ansiedad y la depresión entre los adolescentes. Otro de los proyectos que se han puesto en marcha es la Metodología Día (Desarrollo de la Inteligencia a través del Arte). Esta metodología integra los fundamentos teóricos de las inteligencias múltiples, la teoría de la inteligencia emocional de Goleman y las contribuciones de Vigotsky, entre otros.

El Plan de Estudios de Nueva Zelanda (2007) especifica claramente que se espera de los jóvenes neozelandeses que sean personas con recursos; que desarrollen habilidades de liderazgo y sean emprendedores; tengan gran capacidad de resiliencia; tengan un autoconcepto positivo, estén motivados y puedan confiar en ellos mismos; sean capaces de comunicarse adecuadamente con los demás; estén conectados con la Tierra y el medio ambiente; formen parte de comunidades; y sean ciudadanos internacionales.

Entre los programas de educación emocional que se han llevado a cabo destacan: una iniciativa de incorporar la atención plena en las escuelas. Por atención plena se entiende prestar la máxima atención a nuestro interior y a aquello que nos rodea para ganar en claridad y en calma que nos permita un mejor aprendizaje y un mayor bienestar emocional y social. Otra de las iniciativas es el aprendizaje social y emocional a través de la cultura y el lenguaje autóctonos, en concreto de la cultura maorí, que aporta un gran bagaje en los aspectos emocionales de las personas. También, destaca un programa para combatir el acoso escolar y el ciberacoso en las redes sociales.

Finalmente, en Suiza las competencias en materia de educación corresponden a los cantones, por lo que existen 26 sistemas educativos distintos. Así pues, uno de los retos actuales para el país consiste en definir una serie de criterios para armonizar todos estos sistemas. El Informe recoge tres experiencias relacionadas con la educación emocional: un curso obligatorio sobre Aprendizaje Emocional y Social para alumnos de magisterio; un programa para la reducción de comportamientos problemáticos a través de habilidades sociales; y un juego de mesa que proporciona herramientas para dialogar y aprender acerca de las habilidades emocionales y sociales de uno mismo y de los demás.

Este Informe nos puede servir como docentes para darnos información sobre contenidos, metodologías y prácticas educativas que se pueden llevar al aula y al trabajo con familias; así como en la preparación de los futuros maestros y profesores para que la educación emocional se vaya integrando con naturalidad en nuestro sistema educativo.

José Luis Domínguez López. Profesor de ESO y Bachillerato. Editor de Humanidades en SM. Postgrado en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional.

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