¿Qué hacer ante…? El niño que no disfruta con la lectura

03 de Marzo de 2016
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¿Qué hacer ante…? El niño que no disfruta con la lectura

El niño que no disfruta con la lectura

El caso

Luis es un niño de nueve años que cursa 4º de Educación Primaria. Va muy mal en los estudios en general. Es muy revoltoso y no le gusta estudiar. Parece que su vocación es la educación física pero todo aquello que tiene que ver con estudiar se le da muy mal.

El tutor del niño quiere que se aficione a leer porque está convencido de que si encuentra placer en la lectura, mejorará su rendimiento escolar. Ha hablado con los padres para que le animen a leer, pero ellos le han respondido que tampoco ellos leen nada.

A pesar de las dificultades, el tutor de Luis quiere animarle a que lea.

¿Qué podemos hacer?

Efectivamente, como piensa el tutor del niño, si Luis se aficiona a leer irá mejorando su rendimiento académico. Lo difícil es motivarle cuando en su casa no hay ningún tipo de ejemplo.

A pesar de todo, el tutor puede seguir las siguientes actuaciones.

En primer lugar, él mismo leerá en su clase o en hora de tutoría con todo el grupo un determinado texto que tenga impacto en los niños. Leerá con entonación y reflexionará con ellos sobre el texto. Por ejemplo, puede leer un cuento que tenga que ver con la educación física, que es lo que le gusta a Luis (la historia de un niño muy deportista o, por el contrario, la historia de un niño con un defecto físico) y pedir que se imaginen como continuará la historia.

Si los niños se encuentran en la situación de tener que imaginarse el final de la historia, se colocarán en una  situación activa frente al texto. Al escribir, nuestros alumnos se sitúan en el mismo nivel que el que lo escribió. Al imaginar, se convierten en autores.

Si el profesor actúa con gracia y sabe motivar, el niño que no quiere leer va a tener, poco a poco, una actitud más positiva con respecto a los cuentos y a la letra impresa.

El niño que no mejora la redacción

El caso

Rosa es una niña de tercero de Primaria. En general, es una buena alumna, obediente y disciplinada. Trae siempre los deberes hechos de casa y en clases manifiesta interés y atención. Sin embargo, sus profesores están preocupados porque no mejora en su redacción escrita. Ya le han dicho una y mil veces que tiene muchos errores ortográficos, de sintaxis, de vocabulario, de expresión… Pero, en el siguiente examen, vuelve a cometer los mismos errores. Si no fuera porque saben que es muy obediente, pensarían que les está tomando el pelo.

Le han pedido que repita varias veces los errores ortográficos pero ella sigue igual que antes. En cuanto a los errores de sintaxis y la pobreza de vocabulario, no presenta ninguna mejora.

Los profesores están preocupados porque como no mejore va atener muchos problemas en todas las asignaturas.

¿Qué podemos hacer?

Rosa necesita prestar atención en lo que hace y sus profesores no deben ceder en el empeño. Desde aquí proponemos los siguientes consejos:

– En primer lugar, hay que corregir sus textos escritos con frecuencia. Si es posible todos los días.

– Pero corregiremos sólo lo que Rosa pueda aprender. No insistiremos, por lo tanto, en aspectos que a ella se le  escapan.

Debemos partir de su nivel.

– Corregiremos también el proceso de composición, ayudándole a reescribir un borrador que consiga un nuevo texto.

– Daremos consejos prácticos: reescribe el texto, fíjate en este punto, amplía el tercer párrafo, escribe frases más cortas, pon signos de puntuación…

– Corregiremos a Rosa cuando tenga reciente lo que ha escrito.

Es importante también tener entrevistas individuales con Rosa para revisar oralmente sus textos escritos.

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