Procedimientos y Contenidos. Cómo desarrollarlos en el área de Lengua

17 de marzo de 2016
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Procedimientos y Contenidos. Cómo desarrollarlos en el área de Lengua

Los procedimientos

El caso

Carlos es profesor de Lengua y Literatura española en Secundaria. De los elementos curriculares propuestos para su área, está de acuerdo en todos. Entiende como razonables la división en ciclos, la compartimentación en áreas, la propuesta de objetivos generales, los bloques de contenidos, las orientaciones didácticas y para la evaluación…

Sin embargo, lo que no tiene nada claro son los procedimientos. ¿A qué se refieren propiamente? Porque, claro, entiende como perfectamente evaluables los conceptos, hechos y principios por una parte y, por otra parte, las actitudes, los valores… pero, ¿cómo se atiende a los procedimientos?

Carlos en el caso de la materia de Literatura está acostumbrado a dictar apuntes y manejar el libro de texto. Considera que es imprescindible utilizar esta metodología porque sólo así se puede atender el temario en su conjunto y aportar fechas, datos, títulos y autores…

¿Cómo manejar los procedimientos desde esa perspectiva?

¿Qué podemos hacer?

Carlos ha de tener en cuenta que en los bloques de contenido se señalan tres tipos:

a) el que presenta los conceptos, hechos y principios
b) el que presenta los procedimientos
c) el que presenta los valores, normas

Los tres son igualmente importantes. A lo mejor lo que le ocurre a Carlos es que no tiene una idea exacta de lo que son los procedimientos.

Los procedimientos se definen como las acciones ordenadas, orientadas a una etapa, que trabajan unos determinados contenidos y propician unos determinados valores.

Por ejemplo, en el caso concreto de la materia de literatura, es evidente que exigen un nuevo tratamiento que el que está dando Carlos. Junto con la teoría de los apuntes y del libro de texto, los procedimientos ayudarán a los alumnos a explorar los textos literarios. ¿Cómo? Mediante la clasificación de figuras, autores y textos literarios, mediante la lectura analítica, mediante la formulación de hipótesis que luego se comprueban como ciertas o no…

Las posibilidades son muchas, por ejemplo, explotar un texto literario como lenguaje (descubriendo las funciones poéticas, las connotaciones, las anormalidades que suponen las figuras literarias), como gozo de lectura, como conocimiento, como hecho social, como comunicación entre emisor y lectores, como duración en el tiempo,
como juego sin más…

Cada profesor puede aplicar estas reflexiones sobre los procedimientos a su propia materia. Al fin y al cabo se trataría de trabajar el concepto desde una perspectiva dinámica.

Es decir, que los alumnos tienen que clasificar, tienen que leer con atención y con un lapicero en mano, tienen que formular hipótesis.

En el fondo, los procedimientos entrañan un conocimiento activo.

Los contenidos

El caso

Andrés acaba de ser contratado como profesor de Lengua y Literatura para unos grupos de Secundaria. Además de los problemas propios de un profesional que entra por primera vez en un colegio privado,

Andrés encuentra serias dificultades con los contenidos que tiene que trabajar.

Ya en los primeros días de clase se dio cuenta de que su alumnado no tenía la base suficiente para trabajar los contenidos conceptuales que se exigen en esta etapa educativa.

Por ejemplo, en el nivel de la ESO tenía que trabajar la literatura como producto lingüístico, estético, social, psicológico y lúdico. ¿Cómo?

Para atender a este contenido es necesario un grado de abstracción que, aunque debiera darse en los alumnos de esa edad, en la realidad no se da.

Por otra parte, Andrés ya ve que es imposible atender a los cinco grandes bloques en los que se estructuran los contenidos conceptuales de su materia. ¿Cómo se van a poder dar, si para explicar sólo una unidad didáctica dentro de cada bloque necesita varias semanas?

Andrés tiene que tomar una decisión que le sirva para enfocar su metodología de acuerdo con unos contenidos realistas y no sabe bien qué hacer.

¿Qué podemos hacer?

Andrés debe considerar los contenidos no en sí mismos sino atendiendo a la fundamentación del área y a las aportaciones que realizan a los objetivos generales.

Es verdad que el temario es excesivamente amplio. Pero Andrés tiene la posibilidad de adecuar esos núcleos temáticos a cada grupo aula.

De esa forma, lo que realmente importa es el objetivo esencial que subyace a cada contenido.

Los bloques de contenido que existen apuntan al desarrollo de objetivos generales como los siguientes:

– Perfeccionar el conocimiento y uso del lenguaje.
– Capacidad de observación, reflexión y análisis.
– Reconocer por sus características un texto dado.
– Improvisación, espontaneidad y creatividad.
– Valorar el lenguaje literario .
– Disfrutar de la lectura y de la escritura.

Luego Andrés tendrá en cuenta que los contenidos conceptuales que trabaja tienen objetivos específicos como:

– Desarrollo de la escritura creativa.
– Fomento del comentario de textos.
– Reconocimiento de los elementos de cada género literario.
– Disertar críticamente sobre un tema dado.
– Capacidad de consultas personales a bibliotecas o fuentes.
– Encuadrar el texto en su autor y época.

Si Andrés encuadra los bloques de contenido en estos objetivos, la meta es más asequible. No importará entonces que no se den todas las obras, ni todas las fechas. Lo importante es que esos bloques de contenido potencien unos determinados objetivos generales, específicos que, a su vez, ayuden a trabajar las finalidades educativas del resto de las materias.

 

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