Haz que los niños descubran por sí mismos el valor de las matemáticas

13 de mayo de 2016
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Haz que los niños descubran por sí mismos el valor de las matemáticas

¿Por qué es frecuente que niños y –no tan niños- tengamos dificultades e incluso verdadero rechazo a las matemáticas?

La raíz del problema está en la más tierna infancia. Aprender matemáticas tiene cierta relación con el aprendizaje de una lengua y esto es algo que hemos tenido en cuenta en el proyecto de infantil Sonrisas de SM, en el que he tenido la oportunidad de trabajar como autor.

Un niño, desde que nace, comienza a comunicarse. Consigue llamar la atención de sus padres con un llanto, es capaz de decir lo que quiere sin utilizar las palabras socialmente admitidas  y, lo que es más mágico, en muchas ocasiones somos capaces de saber lo que quieren sin decirnos ni una sola palabra. ¿Por qué ocurre esto? Sencillamente porque les dejamos expresarse como saben. No esperamos que hablen en nuestro idioma. Esperamos que hablen en el suyo y, en el momento que les comprendemos, les acompañamos para ponerle nombre a su hallazgo.

El niño ha expresado por sí mismo ¡Ha razonado él solito! Nos lo ha hecho saber desde su idioma.

¿Y si dejamos que el niño nos cuente sus hallazgos matemáticos, a su manera, y nosotros nos limitamos a bautizar el hallazgo?

Estos son los pasos a seguir para dejar que el niño descubra y haga matemáticas por sí mismo:

PASO 1: Partir del juego y la manipulación es un recurso que nunca falla. Durante el juego, el niño actúa libremente, se quita el corsé de hacer o decir lo que el profe quiere escuchar y sus manos y su cuerpo actúan tal y como le manda su cerebro. ¡Le estamos viendo pensar con las manos!

Observar a un niño haciendo torres o trenes con piezas de construcción o jugando a los coches o reuniendo a sus animales de plástico nos permite ver el modo en que el niño establece de manera natural relaciones lógicas.

PASO 2: Observa su juego e interésate por él. Déjale que te cuente a qué juega y, sobre todo, ¡cómo se juega! La verbalización del juego está cargada de razonamiento. Pongamos que está jugando con piezas de construcción y que está haciendo una torre muy alta. Imagina que ha utilizado 6 o 7 piezas. Pregúntale sobre ella, ya verás como te dice que está haciendo una torre alta (o que llega muy arriba o que es muy grande).

PASO 3: Pregúntale si te deja jugar (es una mera cortesía, está deseando que juegues con él. ¡Eres su ídolo! ¡Su ídolo quiere jugar con él!). En el momento que empieza el juego puedes empezar a desarrollar tu arte de maestro eligiendo las acciones adecuadas, las preguntas idóneas y los retos correctos para estimular su razonamiento. Coge tú 2 o 3 piezas y dile que vas a hacer una torre como la suya. Rápidamente te dirá que no vas a poder hacerlo. No le preguntes directamente el por qué. Mejor “enfréntate” a él e inténtalo. Incluso puedes levantar tu torre de 2 o 3 piezas por encima de tu cabeza y decirle “¿ves? Lo conseguí, mi torre es más alta que la tuya”. La desesperación de tu alumno será tal que verbalizará que eso no vale, que es trampa.

Es seguro que te va a expresar en su idioma que para comparar la altura de dos torres es necesario que partan del mismo plano de referencia. ¡Qué contenido más complejo! Sí, lo es. Lo es de manera teórica, pero la manipulación, el juego y las trampas del profe han puesto a trabajar al cerebro del niño a pleno rendimiento.

PASO 4: Acéptalo, has intentado hacer trampa. Pídele ayuda para que tu torre sea tan alta como la suya. Realmente no te va a ayudar, lo va a resolver él porque tú… ¡Tú le desesperas!

Si has conseguido desesperar a tu alumno has logrado hacerle razonar. Acaba de tocar con sus manos y expresar con sus palabras las condiciones para medir “de manera justa”, la decisión que tiene que tomar para que tu torre sea tan alta como la suya, o lo que es lo mismo, ha encontrado la relación entre la suma y la resta.

PASO 5: Ahora sí, ahora podemos empezar a poner nombre matemático a sus hallazgos. Tómate el tiempo necesario. Tener prisa en la representación simbólica del idioma matemático puede conducir a la desmotivación del alumno.

Dejemos que hablen en su idioma, prestemos atención y observemos cómo establecen relaciones lógicas. Cuando el aprendizaje esté asentado le decimos cómo se dice en idioma matemático.

En muchas ocasiones, nuestra ansiedad docente nos lleva a precipitarnos y a desvelar aquello que el niño puede descubrir sus propios medios. Deja que tus alumnos se conviertan en pequeños investigadores y que se asombren de su potencial y, por supuesto, ¡asómbrate tú del potencial de tu alumno! Tu alumno es capaz de todo lo que se proponga y tú eres capaz de provocar que eso ocurra.

Respetar el lenguaje del niño es una de las principales vías para que los niños descubran por sí mismos el valor de las matemáticas. Por eso, las mates del proyecto infantil SonRisas de SM se basan en el respeto al lenguaje del niño. Les deja hablar, les deja expresar sus descubrimientos con sus propias palabras y, sobre todo, les hace razonar.

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