¿Qué hacer ante…? El niño excesivamente irresponsable

19 de mayo de 2016
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¿Qué hacer ante…? El niño excesivamente irresponsable

El niño con mala lectura y buena comprensión

El caso

Juan es un alumno de 7 años. Dentro de su clase es, sin duda, el niño que peor asume sus deberes y el más reacio a acabar sus trabajos. Cuando el profesor le pide que haga algo siempre dice que “vale”, pero la mayor parte de las veces ni siquiera se ha molestado en escucharle.

Continuamente se le olvidan los deberes y pierde su material de clase: los libros del colegio, la ropa de deportes… Cuando el profesor pide a sus alumnos un ejercicio escrito que exige concentración, Juan es un desastre porque se levanta continuamente mientras lo hace. Y, por supuesto, tarda mucho más que sus compañeros porque, entre que se
sienta, busca el lápiz, que por supuesto ha perdido, pregunta algo a un compañero, encuentra el libro…

Los profesores se quejan siempre de lo mismo: hay que repetirle las cosas cientos de veces para que se entere y ha recibido numerosas regañinas por llegar tarde, olvidar la ropa de deportes… Opinan que es una lástima porque es un chico inteligente que, cuando quiere, aprende rápido.

El tutor de Juan quiere hablar con los padres para plantearles un plan de acción conjunto entre colegio y casa.

¿Qué podemos hacer?

Hay que ir poco a poco y armarse de paciencia. Los padres, los profesores de Juan en general y el tutor en particular deben conversar con Juan con mucha frecuencia a solas sobre este tema.

En las conversaciones con Juan harán hincapié en la importancia de que asuma sus responsabilidades porque todos cuentan con él. Cada vez que vaya consiguiendo una mejora en este campo, se le elogiará abiertamente y delante de los demás para que vea que, si cumple con sus obligaciones, es recompensado afectivamente y más aceptado
por todos.

Los padres también pueden ayudar en esta labor y se les puede hacer ver que nunca es demasiado pronto para educar en la responsabilidad. Para ello, podrían asignarle responsabilidades en su casa (coger el teléfono, sacar la basura, comprar diariamente el pan, barrer, ayudar a poner la mesa, sacar las servilletas, apagar las luces, recoger sus objetos personales…) para que Juan vea que debe colaborar tanto en el colegio como en casa.

Poco a poco, Juan irá asumiendo responsabilidades, terminando las actividades que comienza y usando responsablemente su material, si es atendido con exigencia y cariño y recompensado cuando lo hace bien.

El niño solitario

El caso

Carlos tiene siete años y es hijo único. Desde que entró en primer curso de Primaria (ahora está en segundo curso) ha sido un chico bastante solitario. No es que sea tímido, no; es que no quiere tener amigos. Las actividades que más le gustan son las individuales. No soporta trabajar en grupo. La verdad es que en el colegio no da problemas. Por lo general pasa inadvertido.

Saca unas notas normales y es dócil y obediente. Los profesores dicen que va un poco a su aire. No suele participar en los juegos de equipo y en los recreos suele deambular solo.

Tampoco es rechazado por sus compañeros.

El tutor de Carlos no considera que sea un problema grave pero sí que le gustaría ayudarle para que fuera más sociable, porque la amistad también forma parte de los valores en los que los educadores deben formar a sus alumnos. Quiere hablar con los padres de Carlos pero no sabe qué proponerles en concreto.

¿Qué podemos hacer?

Evidentemente, algunos niños tienen dificultades a la hora de hacer amistades o afrontar situaciones sociales. En el colegio los niños aislados suelen negarse a participar en las actividades de grupo y prefieren trabajar y jugar en solitario. El problema está en que, por lo general, los profesores suelen prestar más atención a los niños ruidosos y rebeldes, que son los que alteran el funcionamiento de la clase, pero apenas se fijan en los niños solitarios, que son considerados como buenos y suelen pasar inadvertidos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la sociabilidad es una virtud que los profesores y padres deben cultivar en los niños. Son varios los factores que pueden influir
en que un niño tienda a ser solitario y se aísle (algún complejo, ambiente social pobre, padres solitarios, padres sobreprotectores…). Habría que investigar la causa pero, en
cualquier caso, una buena estrategia consiste en aumentar su seguridad y autoestima.

En clase podríamos animarle con delicadeza a que compartiera su tiempo con los demás niños y a que colaborase aportando algo positivo en determinados trabajos por grupo. Si, por ejemplo, Carlos pinta bien, que sea él el que ilustre el trabajo del grupo pero a partir de las sugerencias e ideas de los demás niños. Procuraremos también que el resto de niños vea sus cualidades y le acoja con cariño.

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