El compromiso, reflejo del liderazgo

08 de julio de 2016
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El compromiso, reflejo del liderazgo

Gema Sancho es Máster en Psicología del Coaching por la UNED, Coach PCC Certificada por ICF (International Coach Federation), licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, y MBA por el Instituto de Empresa.

D.Ignacio, el director del centro escolar, se removió un tanto incómodo en la butaca de su despacho. Repasaba los datos de su gestión en este último año. Había sido su segundo curso escolar al mando del centro y los resultados no podían ser más desalentadores. En este tiempo había renovado casi por completo a los integrantes del claustro. Los profesores se estaban marchando a otros centros. Algunos voluntariamente; otros habían sido invitados amablemente a abandonar la escuela. “¡Mejor!” – pensó D.Ignacio – No estaban involucrados con el proyecto y los nuevos fichajes traerían aire fresco al equipo docente.

Por otro lado, el número de alumnos había descendido considerablemente. Y lo peor de todo: apenas había nuevas solicitudes de admisión. “Cosas de la crisis” – justificó.

D.Ignacio pasó su mano por la frente como si quisiera alisar sus arrugas con los dedos y, mirando al suelo (no acostumbraba a mirar a la cara), me dijo: “Quiero que trabaje con mis docentes para que tengan más compromiso. Ese es el problema: ¡Necesito profesores comprometidos!”

“¡Estupendo!” – contesté. Y rebuscando en mi bolso saqué un pequeño espejo y se lo tendí a D.Ignacio.

“¿Qué es esto?” – Preguntó visiblemente molesto.

“Un espejo” – respondí.

“Sí, sí, ya veo que es un espejo. Pero ¿qué significa?” – rugió D.Ignacio.

– “El compromiso, D.Ignacio, no es algo que se pueda exigir a los empleados sino una consecuencia del liderazgo y la buena gestión. Por eso, si quiere que mejore el compromiso de sus profesores, deberá comenzar por mirarse a sí mismo. ¿Qué podría mejorar de su propia gestión?”

– “¿Cómo? ¿Mejorar yo? No entiendo nada. ¡Mi gestión ha sido excelente!”

– “Bueno, hace un momento me estaba hablando acerca de los malos resultados…”

– “Sí, sí, claro, pero un mal año lo tiene cualquiera. Además, ya se lo he dicho, el problema es la falta de compromiso.”

– “Entiendo. ¿Qué es el compromiso para usted?”

– “Pues que no se limiten a cumplir. Aquí sólo vienen a cumplir y a cobrar. Fíjese que muchos ni siquiera vinieron a la fiesta de Navidad que organicé al finalizar la jornada escolar. Lo que le digo, no hay compromiso.”

– “Ya veo. ¿En qué otras situaciones concretas entiende usted que no existe compromiso?”

– “Pues por ejemplo, en responsabilizarse del material. Verá, al asumir la dirección del centro me encontré con una situación económica bastante complicada. Tuve que ajustar los presupuestos. Se derrochaba mucho en materiales y creo que la idea de poner multas al profesorado cada vez que me encontraba folios fuera del armario o bolígrafos por el suelo fue un éxito. ¡En cuanto les tocas el bolsillo, se vuelven responsables! Y lo mismo pasó con los informes de evaluación. Les puse una fecha de entrega y multas económicas por cada día de retraso. ¡Mano de santo!”

– “¿Cómo le explicó estas medidas a su equipo?”

– “No, no les expliqué nada. Yo no hago reuniones. Mandé una circular y ya. Yo soy el director, el que toma las decisiones aquí.”

– “Ajá, usted es quien toma las decisiones. No hace reuniones. ¿Y cómo cree que se sintieron los profesores ante estas nuevas medidas?”

– “Pues no lo sé. Algunos se cabrearon y empezaron a crear mal ambiente hasta que se fueron o les eché. Otros las aceptaron. Comprendo que los salarios son bajos y las sanciones duelen en el bolsillo. Pero no está la vida como para despreciar habichuelas, ¿no le parece?”

– “Entiendo. Por lo que me dice, los que no se marcharon lo hicieron porque necesitan ese dinero, ¿es así?”

– “Sí, eso es. Pero aún les falta compromiso. Ese es uno de los problemas que hemos tenido en las aulas. Los profesores dan sus clases pero no ponen interés, no dan ese extra que se necesita. Con los chicos del último curso hay que andar con ojo. Si no se les aprieta, suspenden. Menos mal que este año repasé los expedientes y conseguí que los profesores se centraran sólo en aquellos chicos con posibilidades de aprobar la selectividad. Al fin y al cabo, a nuestro colegio se le evalúa por sus resultados. Obtener un 100% de aprobados es el objetivo.”

– “¿Y qué pasó con el resto de los chicos?”

– “Por suerte algunos se fueron a otro centro. Y otros he conseguido que no se presenten. Ya lo harán el próximo curso si están mejor preparados. El anterior director decía que había que tratar de presentar a todos y yo inicialmente dije que seguiría con la misma política, pero me di cuenta de que este año era mejor concentrar los esfuerzos en aquellos que verdaderamente iban a dar unos resultados.”

– “Bueno, parece que en este tiempo ha tomado varias medidas mirando el beneficio a corto plazo. Sin embargo, cuando uno se centra excesivamente en el corto plazo se corre el riesgo de comprometer el futuro de la organización. Como dice el refrán: es pan para hoy y hambre para mañana. Verá D.Ignacio, por lo que me ha contado, ha tomado varias medidas de tipo económico con los profesores, sin explicarles el para qué de estas medidas. Posiblemente eso haya hecho que muchos lo asumieran simplemente como sanciones, sin valorar la importancia del ahorro en material o de entregar las evaluaciones a tiempo. Si se lo hubiera explicado, probablemente podrían haber surgido de ellos mismos algún otro tipo de medida que sirviera para ese fin pero que no les afectara tan negativamente. Valorar a los miembros del equipo y contar con sus opiniones es fundamental para conseguir que se involucren con las medidas adoptadas y conseguir ese compromiso que usted tanto desea. Por otro lado, parece que debido a estas decisiones unilaterales, muchos profesores han decidido irse del colegio. Han entrado muchos otros nuevos, cuya única motivación parece ser la económica, según sus palabras. Cuando el salario económico no es alto, tiene aún mayor importancia el salario emocional. Cuidar a los profesores, entender sus necesidades, sus objetivos individuales, apoyar y reconocer su trabajo, resultan imprescindibles para alimentar su motivación y compromiso. La desmotivación del profesorado influye en la calidad de las clases y favorece la desmotivación del alumnado, con lo que muchos chicos que podrían haber salido adelante con esfuerzo y trabajo seguramente no lo han hecho. Además, ante las dificultades, usted ha decido cambiar las reglas expulsando o no presentando al examen a aquellos alumnos menos brillantes para asegurarse esos resultados a corto plazo. Ese tipo de comportamientos, cambiando de opinión en los momentos difíciles, crean desconfianza. Y sí, posiblemente consiga ese anhelado porcentaje de aprobados este año y quizás también el próximo pero, ¿qué ocurrirá a largo plazo? En el ideario del centro se habla de la importancia del trabajo diario, del progreso individual, pero la realidad parece ser otra. La falta de coherencia alimenta la desconfianza, y muchos padres terminarán por llevar a sus hijos a otros centros en los que lo que se les diga coincida con lo que se haga. Por su lado, los docentes, lejos de poner su foco en el progreso de los alumnos lo pondrán únicamente en el resultado a corto plazo, más pendientes de las posibles sanciones económicas que del trabajo bien hecho. Con todo este panorama, fruto de sus acciones durante estos dos cursos académicos, me dice que el problema es que los profesores no tienen el suficiente compromiso. ¿Por dónde quiere empezar?”

D.Ignacio se hundió en su butaca, mirando pensativo el espejo que aún tenía entre sus manos.

@GemaSancho

www.gemasancho.com

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