¡Horror, me han cambiado de clase!

27 de septiembre de 2016
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¡Horror, me han cambiado de clase!

Almudena de Andrés es Máster en Intervención Psicológica por la Universidad de Valencia (ADEIT), diplomada en Hipnosis ericksoniana (ADEIT) y Focusing (Instituto Thus), y es especialista en Coaching avanzado por la Universidad de Alcalá de Henares. Posee estudios de PNL (Programación Neurolingüística) con metodología DBM, Inteligencia Emocional; y es coautora del libro “Coaching a Escena”.

Llega el comienzo de curso, muchos niños comienzan una nueva etapa escolar o un nuevo ciclo, y son cambiados de clase: nuevos compañeros, nueva aula, nuevo patio de recreo… y sus “mejores amigos” ya no están con ellos… Un montón de cambios que a muchos niños se le atragantan a principio de curso. A muchos niños y a muchos adultos también.

El resultado son muchas rabietas y berrinches a destiempo y que, aparentemente, no tienen justificación. Pero, ¿qué nos pasa a los adultos cuando en el trabajo nos cambian de departamento o nos ponen a hacer tareas nuevas? Pues eso mismo les pasa a los niños: no suele les gustar ni un pelo. Pero a diferencia de los adultos, los niños no tienen los recursos para procesarlo y expresar lo que realmente les está sucediendo.

Sin embargo, durante toda la vida estamos sujetos a cambios. Algunos los abordamos con más calma, pero otros suponen todo un reto. Y para los niños, a su nivel, estos cambios de principio de curso, son cambios importantes, y más teniendo en cuenta que esos cambios no son elegidos por ellos. No es lo mismo que a uno le cambien de departamento porque lo ha pedido que porque se lo hayan impuesto.

Y aunque puedan resultar un tanto incómodos, estos momentos de cambio suponen aprendizajes para toda la vida. Son una oportunidad para que los niños se flexibilicen y vean las oportunidades que se esconden en estos momentos. Y es aquí cuando los adultos podemos echarles una mano haciéndoles ver que:

  • Pueden hacer nuevos amigos.
  • Podrán mantener sus antiguos amigos y compartir con ellos en las horas de recreo y de comedor.
  • Tendrán nuevos profesores con los que poder aprender cosas diferentes y nuevas.
  • Un aula nueva (un aula de más mayores).
  • Y otras muchas cosas…

Y aún teniendo un lado positivo, la nueva situación lo que genera en los niños son enfados. Enfados que muchas veces no saben canalizar y expresar correctamente (porque expresar lo expresan, pero no de manera saludable). Así que será conveniente darles espacio para que expresen lo que sienten:

  • A través de juegos, donde los niños puedan poner en palabras lo que están sintiendo.
  • A través de dibujos, ya que los niños no tienen todavía los recursos para poder expresar lo que les está pasando, pero suelen ser muy buenos proyectándose a través de los dibujos.
  • A través del deporte, para que puedan soltar esa rabia y ese enfado que se les acumula en el cuerpo.
  • A través de la expresión de rabietas. Es saludable dejar que expresen su malestar. Inhibir su expresión no hará que el enfado desaparezca, solo hará que busque otra vía de expresión. Lo que sí es recomendable es permitir que se expresen en un entorno seguro.

No obstante, todo proceso de adaptación a una nueva situación tiene sus tiempos, y a los niños hay que darles ese tiempo y mientras,  acompañarlos desde el cariño, el respeto y el amor, sabiendo que este proceso se estabilizará y los niños encontrarán su lugar de tranquilidad… hasta el próximo cambio, claro.

Página personal de Almudena de Andrés: www.almudenadeandres.es

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