Hábito lector y familia: el aliado en casa

11 de enero de 2017
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Hábito lector y familia: el aliado en casa

«Les mandan unas lecturas que son un tostón». «En el colegio no les obligan a leer». Estas son algunas de las quejas recurrentes de los padres acerca del enfoque de la lectura en los colegios de sus hijos. Del otro lado, el de los profes, también se percibe cierto descontento: «Las familias no se implican». «Ni siquiera les dedican un rato a leer todos los días».

¿Quién tiene la razón? ¡Nadie! El fomento del hábito lector es una responsabilidad compartida entre escuela y padres. Carece de sentido plantear la cuestión como una confrontación cuando de lo que se trata es de confiar en la labor del «otro» y de buscar en él un aliado. Pero ¿cómo?

1. Comunicación de la escuela a las familias. En ocasiones, los docentes olvidan que la frase «necesitamos vuestra implicación» no es autoexplicativa. Hay familias que sabrán concretarla y otras muchas que no; por ello, es importante ofrecer información clara acerca de, al menos, dos cuestiones: cómo se desarrolla el trabajo de la lectura dentro del aula y cuáles son los objetivos del curso en este campo. Este modelo de carta informativa para las familias que puede resultarte muy útil.

2Lecturas transversales. El campo mejor abonado para que el hábito lector crezca son los intereses personales. Si hay niños con inquietudes diversas y en el mercado hay libros de todo tipo, ¿por qué la lectura debe enmarcarse en el contexto curricular de una asignatura concreta? Los docentes deben tener la mente abierta y contar con herramientas como el catálogo de Literatura SM para filtrar y sugerir lecturas personalizadas a sus alumnos.

3. Leer no es un castigo. Marcar como un tiempo de lectura, un número de páginas o recalcar la obligación de leer en casa es contraproducente. Lo que se supone que proporciona disfrute no puede imponerse. El escritor Daniel Pennac afirmaba: «El verbo leer no soporta el imperativo». Para reflexionar acerca de la vivencia de la lectura en casa te recomendamos que compartas con las familias (tras una reunión, con motivo del Día del Libro…) este fragmento del artículo «Instrucciones para enseñar a un niño a leer», de Gustavo Martín Garzo.

4. ¿Razones para leer? No, gracias. «Para ser mejores» (¿en qué?); «Para trasladarme a otros mundos» (¡pero si a mí me gusta el mío!). Los niños están cansados de escuchar las mismas frases y las han vaciado de contenido. ¿Qué argumentos utilizamos los adultos para recomendarnos libros entre nosotros? ¿Frases acuñados por otros? Para animar a leer no hay nada más eficaz que trasladar la experiencia lectora propia, personal, pero afortunadamente transferible. Compartamos con nuestros niños –alumnos e hijos– lo que nos hizo sentir esta o aquella lectura; cambiemos razón por vivencia y emoción. Esta es la mejor forma de «engancharlos» a la lectura. Este es el objetivo de la actividad Cuéntame… qué leías.

 

Si quieres conocer más motivos y estrategias para fomentar el hábito lector, te proponemos estas lecturas:

 
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 Cómo enseñar a tus padres a disfrutar de los libros para niños (de 6 a 9 años)

Muchos padres creen que no les gustan los libros infantiles: se encuentran perdidos en un mar de cuentos, se preocupan pensando que sus hijos pierden tiempo al leerlos… Sin embargo, con este álbum ilustrado divertido e imaginativo, hasta los padres más despistados aprenderán a amar la literatura infantil. ¡Solo hace falta atreverse a abrirlo!.

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El libro que hará que te encanten los libros (a partir de 8 años)

En estas páginas encontrarás miles de razones verdaderas y muy divertidas para devorar toneladas de libros durante toda tu vida ¡y sin engordar!

Sí, según afirma la autora de este libro, leer hace crecer y mucho más rápido que la sopa. Está comprobado que aunque tengas 100 años, si sigues leyendo, sigues creciendo sin parar.

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¿Y para qué sirve un libro? (de 12 a 18 años)

¿Y para qué sirve un libro? Esa es la pregunta.

Alfredo Gómez Cerdá nos propone no todas, pero sí algunas respuestas: para perder el Tour de Francia, para ser trasladado a Medellín, para salvarte la vida, para llegar a tiempo a la boda de una hija, para ahogarse en un río, para tener trillizos, para hacer el regalo perfecto, para pintar la casa, para hacer una película de éxito, para evitar un error médico, para que te erijan una estatua o para ganar un premio.

Fuente: Leotodo, plan lector. Guía para centros. SM

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