¿Qué hacer ante…? El exceso de competitividad de algunos alumnos

18 de Abril de 2017
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¿Qué hacer ante…? El exceso de competitividad de algunos alumnos

El caso

Paula es una adolescente de 14 años, alumna de 4º de la Eso en un colegio concertado. Es una excelente alumna tanto en interés por las asignaturas como por el rendimiento en exámenes y ejercicios de clase. Los profesores están muy satisfechos con su trabajo.

Sin embargo, no todo es perfecto en Paula. El otro día los padres se acercaron al colegio para hablar con la tutora. Están preocupados porque su hija no tiene ninguna amiga. Siempre está sola en casa y en su habitación estudiando. No les parece normal.

La tutora, en un principio, le restó importancia a la situación y aludió a que los adolescentes se encuentran un poco raros consigo mismos en esta época de su crecimiento. Poco a poco –les explicó– Paula se hará más sociable.

Pero no es así. Paula sigue sin tener amigos e, incluso, sin ser aceptada por sus compañeros. Siempre quiere sacar la mejor nota en el examen y para eso está dispuesta a hablar mal de sus compañeros ante un profesor, a no trabajar en grupo (prefiere trabajar ella sola, aunque sea más trabajo), a reñir con los que no piensan como ella.

¿Qué podemos hacer?

Paula asume su vida en el centro escolar como una competición. Y ese planteamiento quizás se deba al ejemplo de alguno de sus padres o a su propia personalidad competitiva. Es cierto que la labor del tutor ha de responder también a ese desequilibrio, aunque a veces el ejemplo de los padres y de la sociedad dificulta esta labor.

La tutora debería volver a hablar con los padres para que ellos también se involucren en transmitir serenidad a Paula. Los padres deben favorecer que Paula tenga amigas y que las trate con respeto y comprensión. No tiene que ganarlas, tiene que quererlas. Para ello, los padres quizás deberían replantearse si ellos mismos han transmitido con sus palabras o con su ejemplo un mensaje competitivo. Si ellos no colaboran, de poco servirá la labor de la tutora.

Por otra parte, los profesores – asesorados por la tutora – propondrán actividades de grupo, donde todos tengan que aportar algo positivo.

Y nada es mejor que nada. Todo lo que se diga puede servir. Si los profesores siguen el caso y hacen ver a Paula que tiene mucho que aprender (y querer) a los compañeros, los resultados serán eficaces.

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