El paseo de la fama

14 de noviembre de 2017
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El paseo de la fama

Gema Sancho es Máster en Psicología del Coaching por la UNED, Coach PCC Certificada por ICF (International Coach Federation), licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, y MBA por el Instituto de Empresa.

Alejandro y Christian eran dos amigos cuya mayor ilusión era llegar a ser grandes actores de fama internacional. En secreto, los dos se imaginaban poniendo sus huellas en el Paseo de las Estrellas de Hollywood. Se veían recibiendo un “Oscar al Mejor Actor” y siendo aclamados por el público. Incluso algunas veces, cuando en el recreo les daba el sol en la cara, imaginaban que eran las cámaras de fotos de sus fans las que cegaban sus ojos.

Lo cierto es que Christian tenía un don especial para el teatro. Le gustaba actuar y en el colegio siempre le elegían para representar los papeles principales de todas las obras. Era un chico muy popular. Todos le alababan y le decían lo bueno que era. Christian se tomaba muy en serio su afición y ponía todo su corazón en cada obra.

Por su parte, Alejandro también era bastante buen actor, aunque quizás no tanto como Christian. Alejandro sabía que aún tenía mucho que aprender. Solía fijarse en cómo su actor favorito era capaz de expresar los sentimientos del personaje al que representaba. Veía todas sus películas una y otra vez, descubriendo nuevos detalles que poder aprender. Y en el colegio, no dudaba en preguntar a su profesor de teatro cómo mejorar su oratoria o su capacidad de improvisar. Alejandro era muy trabajador y constante.

Un día llegó al colegio un niño nuevo. Al parecer, el niño ya había hecho varios anuncios en televisión e incluso había participado con un pequeño papel en una obra de teatro que se había representado a nivel nacional. Por supuesto, nada más llegar todas las miradas se centraron en él. Era la nueva estrella del momento. Hizo las pruebas para entrar en el grupo de teatro del colegio y, como no podía ser de otra manera, no sólo le admitieron sino que le ofrecieron el papel protagonista de la nueva obra que se representaría a final de curso.

Christian estaba desolado. Siempre había sido él el protagonista y ahora… Los primeros días intentó demostrar a su profesor lo bueno que era, poniendo todo su empeño durante los ensayos. Se esforzaba mucho, ponía toda su energía, pero el niño nuevo era mejor que él. O al menos eso era lo que decía su profesor quien, definitivamente, le había cogido manía. Ya sólo quedaba esperar que un resfriado impidiera al nuevo participar en la obra el día del estreno.

Alejandro, al que como en otras ocasiones le habían dado un papel secundario en la obra, se fijó en cómo el niño nuevo era capaz de modular su voz y en cómo se movía por el escenario. Alejandro se propuso mejorar, tomando como modelo al niño nuevo. ¡Qué suerte poder contar con él! Tener tan cerca a un buen actor como él era una gran oportunidad. Alejandro se fue fijando en cosas muy concretas que podía mejorar de cara al día de la función y pidió ayuda a su profesor para que le enseñara cómo hacerlo.

Poco a poco, Alejandro fue cogiendo confianza. Sabía qué cosas hacía bien y estaba trabajando en aquellas que aún podía mejorar. Sentía que cada día se iba convirtiendo en un mejor actor.

El día del estreno el niño nuevo estaba perfectamente sano e hizo una representación brillante. El que dijo no sentirse bien fue Christian, al que empezó a dolerle la barriga y no pudo salir a escena. ¡Menos mal que pudieron sustituirle en el último minuto! Alejandro tuvo una actuación espectacular. Todos comentaron lo mucho que había avanzado durante el curso y lo bien que lo había hecho.

En los años siguientes, Alejandro continuó su desarrollo como actor fijándose objetivos personales de mejora y trabajando sobre ellos. No sabía si algún día llegaría a ser un actor famoso pero disfrutaba actuando y se había propuesto hacer todo lo que estuviera en su mano para lograrlo.

Christian, sin embargo, dejó el grupo de teatro. En realidad era una pérdida de tiempo. Con lo bueno que él era y al final ser protagonista o no sólo dependía de la decisión de un profesor que le había cogido manía. Era frustrante. En cualquier caso, pensó Christian, eso de ser actor famoso era tan sólo una tontería, un sueño infantil.

@Gema Sancho

www.gemasancho.com

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