Padres, asistentes personales

16 de febrero de 2018
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Padres, asistentes personales

Almudena de Andrés es Máster en Intervención Psicológica por la Universidad de Valencia (ADEIT), diplomada en Hipnosis ericksoniana (ADEIT), especialista en Coaching avanzado por la Universidad de Alcalá de Henares e instructora de Mindfulness por la Universidad de Bangor (Inglaterra). Posee estudios de PNL (Programación Neurolingüística) con metodología DBM, Inteligencia Emocional; y es coautora del libro “Coaching a Escena”.

En ocasiones oigo a padres decir: “Esta semana tengo tres exámenes”, “Nos ponen tantos deberes…” “Madre mía, no nos da tiempo a hacer todo lo que mandan en el colegio”…

Esto me suena tan curioso… Yo tengo que agradecer a mis padres que nunca me ayudaran con estas labores (a lo más con alguna actividad de “Manualidades” o para recoger las hojas para el herbario). Pero mis padres nunca llevaron una agenda paralela con mis exámenes, ejercicios y trabajos que había que entregar.

Hoy en día parece que los padres se han convertido en asistentes personales de sus hijos. Les recuerdan que el sábado tienen partido de futbol, el martes examen de inglés y el jueves tienen que entregar el trabajo de historia, y les organizan tiempos y repasos para que “todos aprobemos”. A veces hasta me siento confundida no sé si las notas se las ponen a ellas o a sus hijos.

Pero, ¿esta forma de actuar qué les está enseñando a los niños? Imaginaros este niño en un futuro trabajo, ¿necesitará también de su padre o de su madre que le recuerde la fecha de entrega de un proyecto? ¿que les organice la agenda con las reuniones? ¿O que si tienen una duda en vez de resolverla con un compañero llamen a sus padres?  Puede sonar un tanto ridículo, ¿verdad? Sin embargo, los hábitos y la responsabilidad se educan desde pequeños.

La principal actividad de un niños es la de aprender, y parte de este aprendizaje pasa también por aprender a organizarse, medir sus tiempos y responsabilizarse de sus actividades. Las habilidades deben cultivarse desde pequeños.

Obviamente los padres deben estar pendientes e interesarse por las labores de sus hijos, pero no sustituirlos y asumir sus tareas.

La preocupación de muchos padres pasa por el que no “aprueben”, pero en ocasiones, se confunde el aprobar de los hijos con la de los padres. Algunos creen que los que tienen que aprobar son ellos, o bien que si no sacan las “mejores notas” (incluso cuando hablamos de niños pequeños) no tendrán facilidades a hora de estudiar o trabajar en el futuro.  Y estoy segura que este planteamiento se hace desde el amor y deseando lo mejor para sus hijos, pero hay una cuestión que se pasa por alto: el proceso mismo de aprendizaje.

Todo proceso de aprendizaje, tanto de un niño como de una adulto, pasa por el “error”, por la aproximación sucesiva hasta la adquisición completa de una habilidad. Habrá niños, como adultos, que tengan más facilidad para desarrollar cálculos matemáticos, otros para hacer redacciones y otros expresarse artísticamente. Esto no es ni bueno ni malo, es simplemente el punto de partida desde el cual desarrollarnos. Y el aprendizaje no consiste en sacar una determinada nota u otra, sino en aprender aquello que no sabemos y responsabilizarnos de cómo hacemos las cosas para mejorar.

Si a los niños se les hacen los deberes, se les lleva la agenda, ¿cómo van ellos a aprender a hacerlo por sí mismos? Una cosa, es mostrar interés por los estudios de los niños y otra es convertirse en asistentes personales que en vez de ayudar al desarrollo lo limitan.

Web personal de Almudena de Andrés: www.almudenadeandres.es

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