¿Cómo podemos fomentar la participación de los alumnos en clase?

26 de abril de 2018
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¿Cómo podemos fomentar la participación de los alumnos en clase?

Pablo es profesor de filosofía en 1º y 2º de bachillerato. Éste es su tercer año de docencia y, en general, está satisfecho con los resultados. De todas formas, se está llevando la impresión de que sus clases son poco interactivas. Quizás excesivamente preocupado por dar todo el temario, está descuidando la participación de los alumnos.

A veces se encuentra con la siguiente disyuntiva: o amplío el tiempo de intervención de los alumnos (que es necesario), o doy todo el temario (que también es conveniente).

Lo que más le ha desconcertado ha sido que, cuando ha preguntado a los alumnos sobre cómo mejorar la interacción, éstos se han mostrado apáticos y le han respondido que les daba igual.

Pablo, a pesar de la indiferencia de los alumnos, le está dando vueltas a la forma de promover la interacción, sin que se vea perjudicado el temario (si es que es posible eso).

El error del planteamiento de este profesor radica en la disyuntiva que plantea: o más interacción o más temario.

No. No se trata de plantearlo así, porque gran parte de los contenidos que se han de trabajar en su materia los pueden preparar los alumnos por sí solos y luego sacarle juego con un debate o una exposición oral.

Por ejemplo. Yo puedo avanzar enormemente en el temario, si adjudico por grupos el trabajo de los temas. A un grupo le corresponderá un determinado tema, en el que tendrán que documentarse suficientemente (con el libro de texto, con apuntes que les proporciona el profesor, con manuales de la biblioteca…) para terminar confeccionándose sus propios apuntes, con los que harán una exposición oral.

Cada miembro del grupo tendrá asignada una misión pero, al final, se llegará a un resultado coherente. Tras la exposición oral, se entregarán los apuntes (supervisados por el profesor) al resto de los alumnos de la clase. Esos apuntes, con las matizaciones que considere Pablo, serán la base para una prueba escrita.

Esta forma de trabajar obliga a la interacción constante entre profesor y alumnos, y alumnos entre sí. Tiene además la ventaja de que el profesor se asegura de que los alumnos comprenden lo que escriben (porque luego tendrán que realizar una exposición oral y una prueba escrita). También de esta forma se avanza en el temario y se potencia la autonomía en el aprendizaje.

El inconveniente es que el trabajo para el profesor se incrementa, con la enorme ventaja de que la interacción con los alumnos será infinitamente mayor.

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